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Viernes , 22.03.2019 / 00:55 Hoy

Vidas Ejemplares

Un jardinero que sembraba cadáveres

José Luis Durán King

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Son pocos los asesinos seriales de Colombia, pero con un número per cápita muy alto de víctimas. Ahí está, por ejemplo, Pedro Alonso López, El Monstruo de los Andes. Su oficio de vendedor ambulante en los años 80 le permitió viajar por Colombia, Ecuador y Perú, donde desplegó su odio, asesinando a más de 300 niñas.

Luis Alfredo Garavito, Tribilín, no tuvo tanta movilidad geográfica, prefirió centrarse en su natal Colombia, donde violó, torturó, mutiló y acabó con la vida de casi 200 menores.

Daniel Camargo, El Sádico de Charquito, dedicó 20 años de su vida a violar, torturar y asesinar a más de 157 mujeres en los años 80.

Hace unos meses, en diciembre de 2015, la policía detuvo a Fredy Valencia, un precarista que confesó el asesinato de 16 mujeres.

La cifra de 536 víctimas mortales distribuida entre cuatro asesinos es muy alta.

En enero de este año, familiares de la señora María Gladys Arango Cuervo, de 53 años, acudieron a la policía a reportar su desaparición.

En una investigación de casi seis meses, las autoridades dieron seguimiento a las llamadas hechas desde y hacia el teléfono celular de Arango, pues su línea telefónica seguía en uso. La tarjeta sim de la desaparecida funcionó como localizador para que la policía acudiera a una finca en la vereda Hojas Anchas, en la zona rural de Guarne, Antioquia.

Los investigadores fueron recibidos por Jaime Iván Martínez Betancurt, de 44 años, quien laboraba en el lugar como jardinero.

Martínez Betancurt fue detenido como sospechoso. Durante el proceso de interrogación, confesó el asesinato de Arango y de otras 16 o 17 personas, entre ellas, su esposa y los dos hijos de ella.

Explicó que el 15 de noviembre de 2015 mató a la que fue su pareja por siete años, Natalia García Gil, y a los dos menores, de cinco y siete años de edad. Para su propósito, el individuo utilizó un hilo de nylon. La fuerza que invirtió en la acción prácticamente decapitó a las víctimas. Abundó que en la finca estaban enterrados los cuerpos de Arango, de Natalia y de los dos niños.

Entre el 18 y 20 de junio, los investigadores ingresaron a la finca, donde, después de que los perros indicaron el lugar en el que yacían los restos humanos, comenzaron los trabajos de excavación. Primero fue hallado el cuerpo de Arango, posteriormente rescataron los cadáveres de la esposa y sus hijos.

La policía recabó en la vivienda que ocupaba Martínez Betancurt 12 teléfonos celulares, que el asesino utilizaba para hablar con los familiares de las víctimas para decirles que éstas se encontraban bien. También se recuperaron prendas de vestir, joyería, objetos varios y 16 tarjetas sim.

Con excepción de los hijos de Natalia García, el resto de las víctimas fueron mujeres. Todas murieron estranguladas con el arma favorita del delincuente: su hilo de nylon.

Martínez Betancurt era un hombre que se mudaba constantemente de domicilio, por lo que los agentes intentan confirmar si el asesino dejó víctimas en otros municipios de Antioquia y en dos pueblos del Valle del Cauca.

De acuerdo con testimonios de los vecinos de Martínez Betancurt, las sospechas de que algo había sucedido con los hijos de Natalia surgieron cuando aquellos dejaron de ir a la escuela.

Cuando una persona denunció el maltrato que sufrían los menores, éstos fueron llevados a un hogar de paso, donde estuvieron tres días. Las autoridades señalaron que no había evidencia de que los infantes sufrieran violencia física. De hecho, un doctor extendió una carta en la que explicó que Martínez Betancurt y Natalia García eran buenos padres, por lo que los niños podían reintegrarse a su familia.

Regresaron a casa para ser asesinados.

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