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Domingo , 21.04.2019 / 01:48 Hoy

Vidas Ejemplares

La emoción de ser un asesino serial

José Luis Durán King

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En septiembre de 2001, la policía de la provincia de Henan, en China, comenzó a recibir reportes de desapariciones de adolescentes masculinos. Las autoridades desdeñaron los informes por el estrato económicamente bajo al que pertenecían los menores perdidos.

Los adolescentes fueron vistos por última vez en locales de videojuegos y en cafés internet. La policía local mantuvo su desinterés, incluso cuando unas manos cercenadas aparecieron en la entrada de un establecimiento.

Las desapariciones continuaron por dos años más, hasta que en noviembre de 2003, Zhang Liang, de 16 años, acudió a una estación de policía donde señaló que un hombre lo había invitado a su departamento para hablarle de un empleo.

Liang explicó que, una vez en el domicilio del hombre de apellido Huang, éste lo ató a una mesa en la que lo torturó durante cuatro días, antes de intentar estrangularlo.

El menor perdió el conocimiento en tres ocasiones, y al despertar, Huang aflojó las cuerdas mientras le indicaba: “He asesinado al menos a 25 personas. Tu eres el número 26”.

De acuerdo con el testimonio del adolescente, el hombre deshojaba la margarita, musitando: “Lo mato o no lo mato”. En un recurso desesperado, Liang dijo a su captor: “Si me dejas ir te prometo que te cuidaré cuando seas viejo”.

De forma inexplicable, el criminal dejó en libertad a Liang, quien de inmediato acudió a la policía.

El adolescente decía la verdad, prueba de esto eran las agujas que el médico de la estación encontró en el estómago del sobreviviente.

Hasta ese momento, la justificación de las autoridades para no dar seguimiento a las denuncias había sido: “Sin cuerpos, no hay caso”.

La denuncia de Liang condujo al domicilio de Huang Yong, de 29 años, quien fue arrestado el 12 de noviembre de 2003.

Una primera revisión arrojó que el sospechoso guardaba a manera de trofeos los cinturones de más de una docena de jóvenes y adolescentes. Cuando la policía preguntó a Huang cuántas personas había asesinado, aquél respondió que 25.

Las autoridades encontraron bajo el piso de la casa de Huang 17 cadáveres —no 25— en diferentes estados de descomposición.

El individuo señaló que colocaba a sus presas en una mesa a la que él denominaba “El Potro Inteligente”, ya que, una vez atada la víctima, entre más se moviera, más apretaba las correas.

Las investigaciones arrojaron que ninguna de las víctimas mostraba indicios de abuso sexual, por lo que preguntaron a Huang el móvil de sus asesinatos. El hombre respondió durante el juicio que había evitado la captura de mujeres, ya que eso lo hubiera hecho parecer menos “héroe. “Los hombres son más cuidadosos, lo que hace que sean más difíciles de atrapar”.

Durante los días del juicio a Huang, la corte estuvo abarrotada, sobre todo por padres y amigos de las víctimas, además de la ciudadanía en general, quienes deseaban linchar al asesino, pero el acusado todo el tiempo no solo mantuvo una tranquilidad sorprendente sino que cabeceó de sueño en varias ocasiones.

Huang señaló que no sentía remordimiento por los crímenes que cometió. Explicó que los dramas y temas violentos que veía por televisión eran sus favoritos. “Desde niño siempre quise ser un asesino, pero nunca tuve la oportunidad”, indicó, provocando el desconcierto de autoridades y público.

Huang Yong fue condenado a muerte, cita que cumplió de manera expedita tres meses después de su arresto, el 26 de diciembre de 2003, al ser fusilado por un batallón al interior de la prisión.

Huang Yong acabó con la vida de al menos 17 personas, cuyas edades iban de 15 a 21 años, por lo que siempre quedará la duda a qué se refería cuando dijo que no tuvo la oportunidad de ser un asesino.

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