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Martes , 26.03.2019 / 05:03 Hoy

Carta de Esmógico City

Un ¿nuevo? método: los pobres utilizables

José de la Colina

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Según diccionarios más o menos respetados, como el de Real Academia Española, y en la última edición de su diccionario en tomazo de papel (pues ya la venerada más que venerable institución avisó que en adelante ese lexicón vendrá como esbelto disco, y que se fastidien los que no posean computadora e internet, quienes al parecer son todavía los más numerosos de la humanidad), el sustantivo pobre, que se aplica en primer lugar al “individuo que carece de lo necesario”, admite varios significados según va el mundo. Así que hay, entre muchos personajes, desde el pobre de espíritu (sinónimo de tonto) al pobre de solemnidad (que suele ser el más carente de todo) en una larga lista a la que habría que añadir los pobres utilizables, pues en Esmógico City, como sin duda en muchas ciudades de México y hasta del mundo, la frase se referiría a los personajes de este inicio de crónica ajena que el cronista leyó en el periódico Excelsior:

“Organizaciones criminales pagan a personas de escasos recursos para que acudan al Servicio de Administración Tributaria a solicitar su firma electrónica y luego les entreguen sus claves para suplantar su identidad y realizar operaciones fraudulentas ante ese organismo y otras instituciones, reveló el Administrador General de Servicios al Contribuyente del SAT, Adrián Guarneros Tapia.”

A este, quien sabe si nuevo método (pues hay muchas formas de corrupción, comenzando y acabando por la meramente carnal: la del cadáver), contribuyen sin duda los muchos y variados disposivos electrónicos, casi todos basados en internet, que marcan nuestra modernidad, o posmodernidad o posmother, y que han surgido dizque para el progreso y la “subsecuente” felicidad… pero quizá no. Y es por eso que el cronista rechaza tarjetas, claves y otros indudables adelantos que a cada momento le ofrecen telefónicamente, que ya por lo pronto es suficiente riesgo (robo, o secuestro, o muerte) el ir personalmente, es decir en persona, es decir “de patitas para qué os quiero”, a las sucursales bancarias (¿o bancales?) a sacar una parte de la flaca cuenta de ahorros o a cambiar o depositar un cheque, pues por lo demás ahora todo trabajo, aun si es de los más honrosos, se paga y se cobra con cheque… (Aunque si el asunto fuese con dinero contante y sonante también sería riesgoso… ¿Y entonces..?)

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