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Jueves , 25.04.2019 / 11:48 Hoy

Cosmovisión

Tres lecturas

Jorge Reynoso M.

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El sabio astrólogo

Había un rey despótico al que le molestaba la atención que el pueblo daba a las predicciones del astrólogo. Y decidió matarlo; pero antes quería dar una lección al pueblo y al astrólogo.

Dijo el rey: “tú que todo lo sabes, dime ¿qué día morirás?” El astrólogo miró al pueblo reunido alrededor de la plaza y vio al verdugo. Pidió unos minutos para consultar a los astros.

“Y ¿qué te han dicho los astros?” “Señor mío, me dicen que moriré un día y una hora antes que su Majestad”.

Y así fue como el astrólogo vivió muchos años en el palacio, bien cuidado por el rey... por si acaso. Autor anónimo.

El mercader y los camellos

Un mercader, con sus sirvientes, salió a vender mercancías en una caravana de 12 camellos. Pernoctaron en un oasis y antes de dormir su asistente le dijo: “Atamos 11 camellos pero olvidamos traer una estaca y no sabemos qué hacer con el que nos falta”. “Fácil”, dijo el mercader, “simula delante de él, que clavas la estaca y lo amarras a ella. Así, el camello creerá que está sujeto y se quedará quieto”.

Así lo hizo y se fue a dormir. Al amanecer, el asistente le informó al comerciante que tenía los camellos listos para salir, pero que no podía poner en camino al camello 12. El señor le pidió que simulara desatarlo. Al hacerlo, la caravana pudo proseguir su camino. Autor anónimo.

Manejo de la tensión

Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión. Levantó un vaso con agua y preguntó “¿Cuánto pesa este vaso con agua?” Las respuestas variaron entre 200 y 500 gramos. Entonces el conferencista dijo: “No importa el peso absoluto. Depende de cuánto TIEMPO voy a sostenerlo. Si es por 1 min., no pasa nada. Si es por 1 hora, me dolerá mi brazo. Si lo sostengo por 1 día, tendrán que llamar una ambulancia. Es exactamente el MISMO peso, pero entre más tiempo pase sosteniéndolo, más pesado se va volviendo”.

Si cargamos nuestros PESARES todo el tiempo, tarde que temprano ya no seremos capaces de seguir. Dejar la carga de lado, eventualmente, nos reconforta y nos da fuerza para continuar.

Así, antes de entrar a su casa deje afuera su pesar -en un rincón- ¡no lo meta a su casa! Al salir, podrá recogerlo de nuevo. Autor anónimo.

Amigo lector, ¿qué opina?

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