En otros tiempos -anteriores a la pretendida pandemia que tanto los mantiene encerrados y limitados- de la extinta normalidad que ahora añoran y anhelan recuperar, para estas fechas ocurría el inicio de los ciclos escolares.
Este año la situación se presenta diferente y las condiciones que imperan nos llevan a elaborar conjeturas para aspirar a encontrar soluciones que propendan a la mejora de las circunstancias adversas que se enfrentan derivadas de la cancelación de la vida como la conocían, y del freno impuesto a las actividades de toda índole indispensables para la convivencia social y el crecimiento económico, que van de la mano.
En específico, quiero referirme a lo que es inminente: el reinicio del ciclo escolar que se ha resuelto llevar totalmente en línea y sin atisbo de presencialidad física, lo cual me parece un equívoco estratégico descomunal.
Como profesor universitario, y a partir de la experiencia en red recién transcurrida en el segundo tercio de 2020, los cursos en línea resultaron exitosos en virtud de que fue posible desarrollar cursos de viva voz y cuerpo presente durante dos meses, cosa que permitió identificar a los alumnos, establecer relación directa con sus ideas y maneras de expresarse y comunicarse, comprender su sistema de pensamiento y principalmente entender la dimensión humana entre alumnos y docente.
Lo dicho remite a considerar que, al estar en línea, se dio una innovadora actitud para enfrentar el proceso educativo en sí acepción más amplia: conducir el aprendizaje y el fomento de nuevas habilidades intelectuales y destrezas motrices... los alumnos aprendieron a leer mejor en Herminia de comprensión y análisis y a escribir con precisión, claridad y calidad académica sobresaliente; las dos partes se esforzaron para concluir satisfacientemente su cometido: aprender a enseñar, enseñar a aprender y aprender a aprender... y también a desaprender.
Peligro: los cursos total y solamente en línea plantean escenarios de riesgo que podrían inducir problemáticas insospechadas que desvirtuarían el proceso de aprendizaje y limitarían el desarrollo personal del educando. Se generarán conflictos en las relaciones interpersonales, menor desarrollo psicosocial y sobre todo fomentan la insensibilidad humana. Se cancelarán las emociones y aparecerán probables conductas que llevarán a desencantos y desencuentros indeseables.
Más allá de procurar el cuidado para proteger la salud y evitar la expansión del contagio, es imperativo comprender que la vida va mucho más allá de eso. Obliga entender que el virus ya habita entre nosotros y debemos enfrentarlo con inteligencia superior: es de suma y relevante importancia adecuar las acciones para optar por optimizar el ejercicio de todos los recursos disponibles y por crearse. Vaya, lo que quiero decir es que el conocimiento, en términos de información, ya está en la red y no sería necesario tener cursos para acceder a ellos. Lo que se requiere es la guía del profesor a partir del primer contacto presencial -si, con sana distancia y todos los cuidados- obligatorio durante al menos dos semanas... después vendrán el seguimiento y las evaluaciones.
Además, observo que el nivel educativo, económico y tecnológico de un sector mayoritario de los estudiantes y profesores en el país no está preparado para acometer la empresa. Me declaro en pos de la presencialidad inicial, el resto llegará por añadidura.
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