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Viernes , 15.02.2019 / 17:46 Hoy

Trampantojo

México sin "huachicol"

Jorge Fernández Acosta

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El tiempo retoma su curso encuadrado en los parámetros de la normalidad. El episodio huachicolero alcanza ya la dimensión de los estadios de la anécdota y las imaginerías populares que pasarán a la efeméride como la memoria de una sociedad que descubrió de golpe uno de los modos de la realidad como experiencia sensible en torno a sus costumbres y a sus más acendradas fantasías. De pronto, atónitos, muchos fueron testigos de un acto de autoridad que los condujo a trastocar su sistema personal de sumisión y sometimiento que no les permitía comprender lo que ocurría respecto al elixir de sus deseos: la gasolina y el latrocinio atroz que sustrajo, por décadas, nuestra riqueza oleosa desde los veneros heredados por el diablo.

Fueron momentos de azoro e incertidumbre para quienes no entendían el fin superior, ese que tiene que ver con los altos intereses de la patria para recuperar las arcas nacionales en el sentido de propiciar condiciones hacia el buen común. Fue hasta divertido observar los manoteos, desatinos o desacuerdos y ver despotricar contra la sorpresiva acción eficaz que canceló -no sin exabruptos y obligadas improvisaciones- El robo de combustible. Cuestionaron la estrategia quienes no ven más allá de su comodidad y además no querían aceptar la imperiosa necesidad de cambiar las estrategias relativas a mejores prácticas de convivencia y uso del recurso energético.

Es preciso decir que, al menos en el caso Tapatío y su área de influencia metropolitana, observamos muchos más beneficios sustentados en el sacrificio -en sus más elevada acepción por hacer lo sagrado- qué significó transformar la actuación personal sobre el tema: dejar el auto o usarlo de manera más racional, andar a pie, en bicicleta o en transporte público, ajustar los tiempos para ser puntuales, esperar con paciencia y tolerancia a los proveedores de insumos de cualquier índole y si, programar el tiempo para hacer fila para cargar gasolina. Una ciudad más fluida, más limpia y mejor aprovechada. Era obvio que sería una condición pasajera y que más pronto de lo esperado se normalizaría, como ya pasó. Hoy día hablamos de un pasaje que ocurrió como en un sueño pero cuya trascendencia y efectos perdurarán para beneficio de todos.

Se descubrieron negocios, inconfesables, se cancelaron de golpe los abusos y se recuperó una parte muy importante de la riqueza de MÉXICO. En el proceso llegó Tlahuelilpan y, aunque duele, lo allí acontecido evidenció simbólicamente lo que nunca debimos ser.

Ahora hay esperanza y confianza. Es momento de unidad y compromiso por el país que heredaremos a las generaciones futuras... un México sin huachicol.

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