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Domingo , 24.03.2019 / 13:50 Hoy

Trampantojo

Inseguridad verificable no es percepción

Jorge Fernández Acosta

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El estado que guarda la inseguridad verificable en el Estado de Jalisco –con independencia de lo que pudiere ocurrir en el resto del territorio nacional– es de una ofensiva e insoportable gravedad. El crimen está fuera de control y la autoridad ha sido rebasada sin atisbo de poder conseguir, en el corto plazo, soluciones eficaces para contrarrestar los efectos negativos de la manifiesta incapacidad para garantir condiciones de tranquilidad social y estabilidad emocional en la vida pública.

Las irrisorias declaraciones de Enrique Alfaro Ramírez –quien tiene a su cargo mantener la seguridad, en cuanto a los bienes patrimoniales y las personas de los habitantes de Jalisco– relativas a que la inseguridad es un asunto de percepción y para lo cual pretende jugarnos el dedo en la boca con estadísticas falaces que hacen mucha gracia y, lo que es peor, con un discurso pseudo-persuasivo, que linda en la hilaridad, al decir que los indicadores de criminalidad han decrecido en las últimas semanas. Ya no sabemos si es ingenuo o peca de un optimismo ramplón y autocomplaciente que no le permite comprender la verdadera situación que día con día se experimenta y vive a lo largo y ancho de la geografía xalisca.

No, no es verdad que la seguridad está controlada y en descenso. Todos los días, en los círculos sociales cercanos y lejanos, quienes aquí vivimos nos enteramos acerca de robos, asaltos, secuestros, extorsiones, asesinatos, abusos y toda una retahíla de sucesos que nos agravian sin piedad y nos lastiman sin miramientos.

Sólo les hablaré de algunos ejemplos y casos, como botones de muestra, para que saquen sus conclusiones:

Caso 1.- Un amigo italiano, que vino de visita a la ciudad la semana pasada, desde Querétaro, donde vive con su familia, fue víctima del robo de la computadora de su auto además de otros enseres como la batería y partes del motor aunado a su laptop. Vaya, sin mayores consecuencia en sus personas y todo quedó en bienes materiales, pero es inaceptable y causa molestia.

Caso 2.- A otro amigo, hace dos semanas, le robaron su camioneta a punta de pistola y los maleantes, al conocer su domicilio, por la tarjeta de circulación, lo amenazaron con matarlo si se atrevía a denunciarlos. Es terrible.

Caso 3.- Otra más, el sábado, un comando armado y encauchado ingresó al domicilio de mi amigo, quien vive en un condominio residencial de lujo y, tras revolcar la casa, dejaron amordazada y tirada en el piso a su hija. No quiero imaginar la angustia, desesperación e impotencia que sintieron, tanto mi amigo como su familia. Es inadmisible e inconcebible.

Caso 4.- A mi hija –quien utilizó mi camioneta para visitar a una amiga, el sábado también– le vaciaron el tanque de gasolina que recién había yo llenado ese día por la mañana. Es el colmo, es ya la segunda vez que ocurre así.

Y hay más, muchos más casos y suceden cosas que trastocan la estabilidad y a civilidad. Resta exigir: Si no pueden o no saben cómo hacerlo ¡RENUNCIEN!

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