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Miércoles , 24.04.2019 / 19:24 Hoy

Melancolía de la Resistencia

El mundo que viene

Jordi Soler

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El miércoles pasado la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) presentó un informe en el que anuncia que la clase media, que ha sido tradicionalmente el sustento de la economía de los Estados, mengua de forma significativa en los 36 países más desarrollados del mundo. El informe se titula “Bajo presión, la clase media exprimida” y revela, a partir de una colección de datos inapelable, que los millennials, y la generación Z que viene detrás, tendrán una vida laboral y una economía más precarias que las que tuvieron sus padres, que nacieron en la era, o cerca de ella, de los baby boomers.

El informe de la OCDE anuncia que el modelo de vida que llevaba una persona de la clase media en la segunda mitad del siglo XX ha desaparecido, ya no es factible entrar a trabajar a una empresa y jubilarse ahí mismo a los 70 años, y cada vez es más difícil comprarse una casa con el sueldo que se paga a un empleado o, siquiera, procurarse cierta estabilidad económica. Los empleos duran cada vez menos, van siendo progresivamente peor pagados y el trabajo comienza a ser un reflejo de Netflix: en lugar de contratar un ingeniero o un administrador a sueldo dentro de la plantilla de la empresa, se le contrata bajo demanda, cuando haga falta para un proyecto puntual; el empleado fijo se necesita cada vez menos, de la misma forma en que ya no necesitamos poseer una filmoteca, con sus pesadas estanterías fijas, para ver películas, ni una gran colección de discos para oír música; basta con pagar por el servicio.

La fuerza de trabajo se ha transformado en el siglo XXI y su nueva condición tiene que ver con el declive de la clase media; la vida económica de la sociedad depende cada vez menos del factor trabajo, que ya empieza a desvincularse de los números del PIB de los países, nos dice el economista español Santiago Niño-Becerra (El crash, tercera fase. Editorial Roca, 2019) y luego añade: “El nuevo modelo productivo ya no necesita la masa de individuos que antes precisaba para producir los bienes y servicios necesarios”. Ya no es el trabajador el que genera la riqueza de un país, hay un montón de empresas millonarias sin plantilla laboral y el dinero se multiplica en el sistema financiero; la clase trabajadora está en plena transformación, ¿desintegración?, dentro de unos años lo que habrá serán empleos temporales, casi siempre precarios, solo para los más aptos, ¿y qué hará el resto de la gente en sus años productivos?

El informe de la OCDE indica que mientras mengua el nivel de vida de la clase media, mejora el de las personas que tienen rentas más altas, y esto está relacionado con lo que nos dice en su ensayo el economista español, que estamos asistiendo al final del capitalismo, “que desaparecerá porque de forma natural tiende al oligopolio. De hecho, en el capitalismo post-2023, este sistema alcanzará su objetivo. Es decir, se asistirá a la constitución de oligopolios por parte de las corporaciones mundiales. El capitalismo habrá triunfado, lo que supondrá el principio de su declive, porque habrá alcanzado su meta”. La previsión de Niño-Becerra es que ese final ocurrirá entre el año 2060 y el 2070: en esas fechas el capitalismo, ese sistema cuyo motor es siempre ir a más, morirá de éxito devorándose a sí mismo.

Estamos en una crisis sistémica que va cambiar los usos y costumbres del planeta, los empleos como los conocemos hoy van a desaparecer, el concepto de trabajo tendrá que transformarse y los Estados, mientras sigan existiendo, tendrán que inventar algo para mantener a sus ciudadanos, para controlar a los outsiders que serán mayoría, “porque el peor enemigo para el sistema es el individuo que no tiene nada que perder”; de entrada tendrán que dar una renta básica universal y, además, dice Niño-Becerra, proveer una panoplia de actividades de ocio gratuitas y un menú de tranquilizantes, de apaciguadores, lo cual dará pie a la legalización de la mariguana.

La revista The Economist calcula que a partir del año 2070 la automatización de todas las tareas será ya imparable y, para el año 2241, las máquinas ejecutarán absolutamente todas las tareas. La probabilidad de que esto efectivamente suceda es, según los cálculos de la misma revista, del cincuenta por ciento. A partir del año 2056 las máquinas podrán realizar cualquier tipo de investigación científica, y antes, desde el año 2040, serán capaces de practicar intervenciones quirúrgicas y, en el 2100, habrán liquidado al gremio de los cirujanos, pues serán capaces de realizar absolutamente todas las intervenciones. También en el año 2040 las máquinas habrán jubilado al gremio de los choferes de coches, de taxis, de autobuses y camiones, y a los pilotos de avión y a los capitanes de barco. Entre los años 2035 y 2050 la totalidad de las operaciones bancarias serán hechas por robots y por teléfono, y también las ventas en los almacenes.

Bill Gates dijo hace unos años que en el futuro los servicios bancarios seguirán existiendo, pero no necesariamente los bancos; un dato ilustra esta deriva: en el año 2008 había en España 64 entidades financieras, en el 2017 solo quedaban 11.

El futuro se aproxima a velocidad de crucero, de vértigo; la única seguridad que tenemos es que el mundo que viene no va a parecerse mucho al nuestro.

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