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Jueves , 21.03.2019 / 08:25 Hoy

Areópago

Sin historia no se puede volver a las fuentes

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Juan XXIII, elegido Papa en pleno despegue de edad madura, en 1959, a los tres meses de su elección anunció la celebración de un Concilio que él mismo llamó Vaticano II, que inauguró el 11 de octubre de 1062, donde dijo, a quienes le decían que desistiera de tan gran propósito: 

“Dicen y repiten que nuestra hora, en comparación con las pasadas, ha empeorado, y así se comportan como quien nada tienen que aprender de la Historia, la cual sigue siendo maestra de la vida, y como si en los tiempos de los precedentes Concilios ecuménicos todo procediese próspera y rectamente en torno a la doctrina y a la moral cristiana, así como en torno a la justa libertad de la Iglesia”(Gaudet). 

 Este Papa, de muchos años, parecía que no advertía su edad por el impulso tan lleno de entusiasmo con el que se empeñaba en las tareas conciliares. En el verano de 1963, este Papa murió y le siguió Pablo VI quién en la celebración del mismo Concilio Vaticano II, entusiasmo a los obispos latinoamericanos para que realizaran una “recepción creativa” del Concilio para los pueblos de América Latina. 

Los obispos latinoamericanos respondieron con 16 documentos generados en la reunión del CELAM II, llamado también Medellín. Casi exclusivamente se fundamentaron en el documento “Gaudium et Spes” (Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Actual), que cargaba su mirada sobre la Iglesia hacia afuera. 

El método que traía ese documento era el de la militancia comprometida de la Acción Católica especializada, accionada principalmente por los jóvenes y que llegó a Latinoamérica, treinta años antes de la celebración del citado Concilio. 

 Los obispos de América Latina, tomaron con un gran coraje pastoral y realizaron una “recepción creativa con el método “ver, Juzgar, actuar”, ideado por el Cardenal Belga, Joseph Cardijín, allá por 1920, iniciado con muchachas trabajadoras en los hogares y luego ellas, contagiaron a muchachos, quiénes le dieron un vigor extraordinario en los países europeos y latinoamericanos. 

Unido a este movimiento pastoral formidable, para la realización del Concilio le precedieron los movimientos litúrgicos, bíblicos, patrístico, históricos con su propósito decidido de “ir a las fuentes”, de los primeros siglos del cristianismo, donde está lo más puro de la fe. América Latina comenzó a tener rostro propio, teología propia con las cinco celebraciones de la Conferencia Episcopal Latinoamericano. 

Pero lo más urgente que nos están señalando los teólogos latinoamericanos, es que el Papa Francisco, con la celebración de Aparecida, nos está diciendo que hay que volver a Medellín, como la fuente de la pastoral, del pensamiento y sobre todo, del compromiso apostólico. 

Lo penoso es que algunos agentes de pastoral, esto no lo advierten.

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