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Miércoles , 24.04.2019 / 11:49 Hoy

Areópago

Los interrogantes en las incertidumbres

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Aunque no queramos, los ciudadanos como mexicanos y los cristianos según la militancia de nuestra fe, nos encontramos en incertidumbres porque no estamos ciertos por donde van nuestros respectivos caminos, y para no incomodarnos mejor nos preguntamos por donde van nuestros jefes, o nuestros pastores, para ir con el mero mero, y no equivocarnos, que no es opción reprobable, teniendo en cuenta la observación siniestra de Maquiavelo quien afirma: 

“Hay tres clases de intelecto: el primero discierne pos sí mismo; el segundo entiende lo que otros disciernen y al tercero no le importa más que observar. El primeros es excelente, el segundo es bueno y el tercero es inútil”. Para quien se conduce con criterio que lleva a la madurez, algo falta. 

Muchos avances se dan cuando la gente participa conscientemente, tanto en el orden eclesial como en el civil. Para ambos órdenes hace pensar lo dicho por algún teólogo polaco, que se repitió en una caricatura periodística con ocasión de la primera visita del Papa Juan Pablo II, al darle López Portillo la bienvenida, advirtiéndole al pontífice: “Aquí no hay Iglesia del silencio sino el silencio de la Iglesia”. 

La conducta que revela tal pensamiento deja puerta abierta a que se hagan decisiones que a final de cuentas no interesan a las comunidades, dado que no fueron elaboradas con la participación de todos, tanto en el orden eclesial como en el civil. Nacen muchos imperativos de las observaciones de realidades de fe y civiles. 

En muchas ocasiones va de por medio el bienestar, la tranquilidad y sobre todo, la conducción de la vida, que no es bueno que otros se encarguen de conducir lo que nos toca por propia responsabilidad. 

No cabe duda que hay la necesidad de avanzar y que la sociedad eclesial o civil no debe de estancarse o sufrir frenos porque indolentes, flojos o los que dicen, digan lo que quieran, por donde van los caminos y por ahí nos vamos, para que nadie se enoje. 

Tanto la Iglesia como la sociedad civil, necesita las mejores deliberaciones que nacen con la participación consciente de todos. 

Con método, con diseño cuidadoso, que conjunte el esfuerzo y el respeto de todas las voluntades participantes, con análisis brillantes, con opaco análisis pero esforzado, para que después se reconozca en el resultado final. 

Lo que es el resultado de una comunidad no deja de entusiasmar para que lo propuesto se ejecute como quehacer que se parece a lo que sentimos como propio, ya que la comunidad mejor es la que va del yo al nosotros lo hemos hecho.

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