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Domingo , 21.04.2019 / 08:26 Hoy

Areópago

La reconciliación como problema social

Jesús de la Torre T. Pbro.

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El fenómeno de la corrupción social que se ha arraigado en este país, muchos hombres de la política han visto necesario implementar campañas sociales de la reconciliación. 

El difunto Jesús Reyes Heroles, llegó a decir que la corrupción nacional había llegado a niveles inadmisibles. 

Pocos hicieron caso a su preocupación, que vieron como una ocurrencia de aquel político de alto nivel, apreciado por tiros y troyanos. Hoy, en tiempos recientes, esta preocupación se ha hecho quehacer de la política.

En el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, se ha implantado la costumbre de que la quinta semana de la Cuaresma, que es ya la próxima, se le dedique a la reconciliación, que muchas veces se ejercita mediante la recepción del Sacramento de la Confesión. 

En la diócesis de Torreón, los presbíteros atienden este ministerio, acudiendo a las confesiones en las parroquias de sus respectivos decanatos. Aunque en general a la gente que practica la confesión, le tiene muy sin cuidado su colaboración con el clima de corrupción social o político, sin embargo no deja de ser un avance el que pocos, consideren lo que se llama “el pecado social”, como preocupación que lleve a integrar fe y vida.

La integración de fe vida, lleva a vivir la cuaresma, y sobre todo la pascua con criterios innovadores, que hagan de la cuaresma una práctica gozosa del regreso al Padre, marcado fuertemente por la práctica del Evangelio que lleve a los escenarios de la vida cotidiana modos innovadores de vivir la verdad evangélica, haciendo de los ritos verdaderos apoyos y no maneras de cumplir, que solamente quedan ahí. 

No entendidos bien los ritos, se quedan en costumbres inculcadas por los mayores, sin prácticas transformadoras de la realidad social.

La fiesta central de los cristianos está marcada por la llamada Pascua, que recomienda la Iglesia que los cincuenta días que duran, se vivan como si fuera un solo día. 

Tarea por demás difícil, ya que algunas veces hasta los presbíteros le dan más importancia a la Semana Santa, sobre todo al viacrucis viviente, espectáculo, aunque poco les llame la atención los crucificados que caminan por las calles, los salarios de hambre, las injusticias en las que muchas veces participan los mismos abogados, quienes más abogan por sus intereses que por sus clientes. 

Terminados estos “días santos”, quienes no fueron a vacaciones durante esos días, arrancan por caminos que llevan a las playas, los bosques, los atractivos turísticos, y ni modo de decirles que no.

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