Sonó un disparo. Cayó la escopeta. Corrió sangre por todos lados. Era 1961, y Ernest Hemingway se había suicidado. Hizo lo mismo que su padre, y lo que hizo su abuelo antes de él. Todos se suicidaron con una escopeta. Me pregunto qué es lo que pasaba en la cabeza de Hemingway; por Dios, era un Nobel, un Pulitzer… quizás el mejor escritor de habla inglesa en los últimos 100 años, ¿por qué suicidarse? ¿Por qué atentar contra el milagro irresoluto que es el nacimiento?
Podrán existir varias respuestas a esto, pero la oficial (y a la que yo me suscribo) es por el trastorno bipolar que padecían. Este mes es perfecto para hablar del suicidio y sobre este trastorno. EL TBP es una de las condiciones en la que más personas intentan suicidarse, y obvio, es horrible. Hay varios tipos de bipolaridad, como el tipo I, II, la ciclotimia y de ciclos rápidos. Hemingway no es la única celebridad en padecerlo, artistas como Vivien Leigh, Stephen Fry, Winston Churchill, entre otros también sufrieron del trastorno.
Ahora, ¿por qué hablar de psiquiatría? Porque es filosófica. Es imposible hablar del cerebro humano, o de bipolaridad (un término matemático) sin pensar en el estudio de la verdad. Basta con entrar a cualquier plataforma de videos para darse cuenta de que es un tema muy resonado, es fácil encontrar títulos como “La racionalidad del suicidio”, “La filosofía del suicidio”, entre otros. Me parecen una completa estupidez. No hay racionalidad del suicidio, ni hay algún proceso mental que te lleve a atentar contra la vida. Por lo tanto, debemos introducir a la psiquiatría-filosófica a la conversación.
He dado una razón médica, y puede quedarse con ella. Si es así, deje de leer este artículo. De lo contrario, continúe. El suicidio es el impulso final de una vida sin sentido. Albert Camus decía que esta era la mayor preocupación de la filosofía, pues el suicidio iba al alza. ¿Qué hizo Camus para contrarrestar? Dijo que abrazáramos el absurdo. La vida quizás no tiene sentido, pero podemos frenar ese impulso. Si nuestra razón tiene la mala fortuna de padecer lo mismo que nuestro cerebro, solo nos queda existir. Ser.
El suicidio no es cosa menor. Aún hay respuestas que buscan ser encontradas, aún queda mucho por ver. En este septiembre quisiera pedirle que busque ayuda, la filosofía de la vida nunca se encuentra solo. Existe la compañía, y créame, nunca estará solo. Piense cuántos libros de Hemingway perdimos por el suceso, y aunque usted no escriba, es igual de valioso que cualquier otro, escritor, actor, director o lo que sea. Hoy escoja “abrazar al absurdo”, y busque el sentido de su vida. Lo único que tenemos cierto es la muerte, ¿por qué no primero descubrir lo incierto?