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Sábado , 20.04.2019 / 15:36 Hoy

Columna de Javier Hurtado

El ganso y el horario de verano

Javier Hurtado

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El próximo domingo entra en vigor por vigésima tercera ocasión consecutiva el horario de verano. Ante esto, la pregunta obligada es: ¿a qué autoridad le corresponde en nuestro país determinar los horarios que rigen en el territorio nacional: al Presidente de la República, al Congreso de la Unión, o a las autoridades locales?

En nuestro país, entre 1996 y 2001, el Presidente de la República, con criterios económicos, determinaba los husos horarios en todo el territorio nacional. En ese último año, el Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal y actual Presidente de la República trató que en el espacio que él gobernaba no aplicara el horario de verano. Vicente Fox interpuso controversia constitucional; y la SCJN el 4 de septiembre de 2001 resolvió salomónicamente que esa facultad no le correspondía ni a uno ni a otro, sino al Congreso de la Unión, derivada las fracciones XVIII y XXX del Artículo 73 Constitucional. El 29 de diciembre de ese mismo año se publicó la Ley del Sistema de Horario en los Estados Unidos Mexicanos, con base en la cual se aplica el horario de verano.

Otorgar al Legislativo la facultad implícita de establecer los husos horarios, es menos racional que reconocérsela al Presidente de la República como derivada de la fracción I del 89 Constitucional. Aunque pueda ser democrático, resulta absurdo conceder a los partidos políticos representados en el Congreso determinar qué horario aplica en el territorio nacional: imagínese usted que ya no haya horario de verano, sino horario Morena, y en el futuro el de cualquier otro partido.

El que cada entidad federativa pueda determinar el huso horario que aplique en su territorio también sería irracional, aunque no por ello inconstitucional, puesto que no es una facultad que de manera explícita el Poder Constituyente hubiera concedido a los funcionarios federales. Además, la SCJN en su resolución de 2001, confundió la medida del tiempo con los husos horarios.

Cuestionar el horario de verano, no significa pretender hacer relojes que no sean con horas de 60 minutos y minutos de 60 segundos, sino reconocer que la hora que marcan esos relojes en determinados territorios sean acordes a los movimientos de los astros, a los ciclos de la naturaleza y del cuerpo humano.

Las horas y las estaciones derivan de los movimientos de rotación y de traslación de la tierra sobre su propio eje y alrededor del sol, y eso el hombre nunca lo podrá alterar.

La naturaleza es más sabia que el pueblo. El horario lo debe fijar el Ejecutivo, pero respetando lo anterior. Ya lo decía López Obrador cuando impugnó el horario de verano en 2001: “Uno se debe levantar cuando cante el gallo y acostarse cuando cante el grillo”. Ahora, que ya es ganso, que les diga a sus legisladores que quiere respetar los cantares de los otros seres alados.

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