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Lunes , 18.03.2019 / 10:22 Hoy

Columna de Javier Hurtado

El boomerang de la grilla

Javier Hurtado

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Dice el Presidente que la grilla ya lo tiene hasta la madre: “¡Ya chole! … ¡ya! … ¡que se vaya por un tubo!…: la politiquería, la grilla ya me tiene hasta el copete!”. Qué bueno que piense así: la grilla, al igual que la corrupción, son dos de los grandes males de la vida pública de México. Para entenderlo mejor empecemos por las definiciones.

La Real Academia Española (RAE) asocia el concepto al insecto saltador “cuyo macho produce un sonido agudo y monótono” con las alas. El Diccionario del Español Usual en México la define como “ambiente de murmuración, chismes y calumnias que se produce en círculos políticos debido a los intentos de varios de sus participantes por sacar ventajas personales y obstaculizar a sus rivales”. A la politiquería, la RAE si la incluye en sus definiciones: “Tratar de política con superficialidad y ligereza”; o bien, “hacer política de intrigas y bajezas”, asignándole en esta última acepción un significado muy similar al que en México se otorga al concepto grilla.

La grilla es fiel expresión de nuestro subdesarrollo político. Implica sustituir el debate de las ideas por las intrigas personales. Grillar es informar de la misma situación a una persona de una manera, y a otra, de forma diferente, según convenga a su interés. Es también acordar, en lo obscurito o “en corto”, compromisos o pactos que implican conductas indebidas o corrupción. Grillo, es lo que en nuestro medio se entiende (y que en ocasiones se valora indebidamente) como “operador político”.

Conviene por tanto distinguir al grillo, del político y del estadista. Grillo, es el que ve más por sus intereses personales e inmediatos y se guía por su convicción. Político es el que formula proyectos y trata de construir consensos discutiendo ideas para producir beneficios colectivos sobre la base de una ética de responsabilidad que calcule las consecuencias de sus decisiones. Por su parte, el estadista, es un político que crea bienes públicos que trasciendan generaciones, aunque signifiquen sacrificar su popularidad. El grillo se guía por intereses personales, el político por grupales y el estadista por institucionales. Lamentablemente, en nuestro país sobran los grillos; escasean los políticos; y, los estadistas, se dan muy de vez en cuando.

Hace tiempo, el gran pensador alemán Max Weber alertaba de los riesgos de que en el mundo moderno prevaleciera la administración sobre la política. Hoy, en nuestro país, las consecuencias de que los grillos dominen la política han sido desastrosas.

En esta tesitura, conviene preguntarse si la decisión de cancelar el Aeropuerto de Texcoco y la Reforma Educativa; el sonsonete del neoliberalismo o justificar los departamentos en Houston de sus colaboradores, ¿serían propios de un grillo, de un político o de un estadista? Naturalmente, no existe una tipología única entre los que se dedican a la política. Lo interesante, es determinar cuál es la predominante.

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