Política

Occidente vuelve a subestimar a Irán

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  • Occidente vuelve a subestimar a Irán
  • Javier García Bejos

El error no es nuevo, pero sí persistente: subestimar a Irán. Cada cierto tiempo, desde distintas capitales occidentales, resurge la idea de que el régimen iraní está al borde del colapso, de que basta un empujón —militar, económico o político— para que la estructura se derrumbe. Hoy, bajo la ofensiva de Benjamin Netanyahu, esa ilusión vuelve a tomar forma. Y, como en ocasiones anteriores, todo indica que puede estrellarse contra una realidad mucho más compleja y resistente.

La apuesta israelí parte de una lógica conocida: golpear infraestructura estratégica, debilitar capacidades militares, generar presión interna y apostar a que la población, agotada, termine por volverse contra el régimen. Es una fórmula que ha seducido a Washington y a sus aliados durante décadas. Pero también es una fórmula que, en el caso iraní, ha fracasado una y otra vez.

Para entender por qué, hay que salir del análisis inmediato y mirar más atrás. Mucho más atrás.

Irán no es un Estado cualquiera. Es la continuidad histórica de una civilización que ha sobrevivido invasiones, imperios y transformaciones radicales sin perder su núcleo identitario. Desde el Imperio Aqueménida hasta la República Islámica, el hilo conductor no ha sido la estabilidad política, sino la resistencia cultural. Los persas han sido conquistados territorialmente —por árabes, mongoles o potencias extranjeras—, pero nunca absorbidos del todo. Siempre han terminado por reconfigurar a sus conquistadores o por reconstruirse desde dentro.

Esa memoria histórica importa. Y pesa.

Occidente ha chocado con ella en repetidas ocasiones. El golpe de Estado de 1953, impulsado por Estados Unidos y Reino Unido para derrocar a Mossadegh, logró reinstalar al Sha, pero sembró la semilla de la Revolución Islámica de 1979. Décadas de sanciones económicas han debilitado la economía iraní, pero no han producido el colapso del régimen. La presión externa, lejos de fragmentar al país, suele activar un reflejo de cohesión nacional que trasciende incluso el descontento interno.

Ahí reside la paradoja central que parece ignorar Netanyahu: los bombardeos no erosionan necesariamente al régimen; pueden, en cambio, fortalecerlo.

La narrativa de una agresión extranjera ha sido históricamente uno de los recursos más eficaces del poder iraní para consolidarse. En un país con profundas tensiones sociales, económicas y políticas, el enemigo externo funciona como pegamento. La oposición interna, que en condiciones normales podría cuestionar al gobierno, se ve atrapada en una disyuntiva incómoda: criticar al régimen o cerrar filas frente a un ataque extranjero. La historia muestra que, en ese escenario, la segunda opción suele prevalecer.

A esto se suma otro error de cálculo: confundir desgaste con colapso. Que Irán esté bajo presión no significa que esté cerca de caer. Su estructura de poder —compleja, ideologizada y profundamente arraigada— está diseñada precisamente para sobrevivir a crisis prolongadas. No es un sistema eficiente, pero sí resiliente.

Netanyahu parece apostar a que esta vez será diferente. Que la combinación de golpes militares, aislamiento económico y presión internacional logrará lo que no se ha conseguido en décadas. Pero esa apuesta ignora una constante histórica: Irán no responde a la lógica de las intervenciones rápidas ni de los desenlaces quirúrgicos. Es un país que absorbe el impacto, se adapta y, con el tiempo, reconfigura el tablero.

El riesgo, entonces, no es solo el fracaso de los objetivos declarados —debilitar o incluso provocar la caída del régimen—, sino el efecto inverso: un Irán más cohesionado, más radicalizado y con mayor legitimidad interna para sostener su postura frente a Occidente.

La historia del pueblo persa no es la historia de su derrota, sino la de su persistencia. Esa es la lección que, una vez más, parece estar siendo ignorada. Y en política internacional, ignorar la historia suele ser el primer paso hacia repetir sus errores.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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