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Lunes , 25.03.2019 / 20:39 Hoy

Política cero

Ya sé quién eres, te he estado espiando

Jairo Calixto Albarrán

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Malditas fake news. Maldito New York Times que no se conforma con acabarle la existencia al buen Donald Trump (que, por marrano, ya quiere organizarse su propio desembarco en Bahía de Cochinos con Gloria Estefan al frente del pelotón), sino que también tienen que pasar por México a darnos las malas nuevas. Que en realidad no son tan nuevas: todos saben que un mundo nos vigila, y más en un país de malagradecidos que tienen en muy bajo nivel el rating del gobierno. A ver, por qué el New York Times no se fija en las maravillosas declaraciones de Campa Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, en el sentido de que, según él, en la época de Calderón hubo más periodistas muertos en comparación con este sexenio. Bueno, muchos nos moríamos de risa con las acciones de Jelipillo, pero esa era otra cosa. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué dicha! ¡Qué bonito es lo bonito!

Como quiera que sea, lo que hemos escuchado sobre el espionaje me parece una exageración. Y como dije, tampoco es nada nuevo. No importa si es con diablitos o con el sistema Pegasus (bueno, la diferencia de precio sí tiene su chiste, es completar o no el sueño orwelliano), es una excelsa tradición del Estado mexicano. Yo por eso, no obstante ser un pseudoperiodista (me acuerdo cuando me hablaba el inspector Poiré que no Poirot desde sus oficinas de Gobernación nada más para preguntarme cómo estaba, de parte de Jelipillo, mientras, supongo, se aventaban unos jaiboles de brandy Presidente), siempre saludo con un buenos días-buenas noches a los amigos del Cisen que se toman su tiempo en estar escuchando de manera infatigable conversaciones para hacer una selección de lo que vale la pena filtrar. Un trabajo heroico e incomprendido, porque para encontrar algo que valga la pena, digamos en el caso de Eva en pena que va arrastrando Cadena, seguramente la labor de espionaje tuvo que pasar por horas y horas escuchando la voz de la señora, que es una combinación de la de Topo Gigio con la de Javier Duarte. Pobrecillos.

Y además son muy amables. Como saben más de tu vida que tú mismo, de vez en cuando a estos aprendices de James Bond les puedes pedir algún tipo de opinión sobre alguna cosa, llorar en su hombro y hasta que chequen el refri, a ver si hay suficiente leche light o queso panela. Incluso le pueden ayudar a tus hijos con alguna tarea y esas cosas. Gente muy útil, de veras.

Lo que llama la atención es que se inviertan tantos recursos en el espionaje a periodistas, activistas y luchadores sociales —que se agradece, porque ni a nuestras familias les importamos tanto—, que bien se podrían enfocar es otros temas un poquito más importantes: los malos de Malolandia, los góbers preciosos pero corruptos —no para ayudarlos, sino para impedir que se roben hasta lo indecible— y los mapaches del Edomex.

De veras, no es tan malo saber que te espían; siempre es bueno tener la conciencia clara de que alguien está pendiente de ti.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto

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