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Martes , 23.04.2019 / 16:19 Hoy

Política cero

Salario mínimo al Presidente para que vea qué  bonito se siente

Jairo Calixto Albarrán

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Entre más conozco Zimbabue, más admiro a mi México lindo y querido. Un país condenado a soportar una dictadura perpetua encabezada por un personaje al que le faltó un grado para ser como Idi Amin Dada o Mobutu Sese Seko (igual que al pulque le falta una nada para ser carne), ha logrado deshacerse de su pequeño sátrapa, mientras que acá donde el águila paró y su estampa dibujó, nomás no podemos hacer que caiga ni Ruiz Esparza ni Lozoya-Lozoyita ni los góbers preciosos que todos los días se ganan un amparo. Es increíble que cayera más pronto don Mugabe que el salario mínimo.

Digo, porque no vamos a decir que el aumento de 8.32 pesos, por más que esté amparado por las reformas estructurales, las lágrimas de Carstens y el melodrama ranchero de la Comisión Nacional del Salario Mínimo, que es en realidad la CIA de los salarios del miedo, es necesariamente una cosa espectacular que le va a devolver al proletariado sin cabeza su capacidad de derroche para el Black Friday que se aproxima.

Aunque se agradece la generosidad del licenciado Peña, quizá cabría decirle, porque al parecer ni Videgaray ni Osorio Chong, ni nadie de su círculo más cercano, se ha tomado el tiempo de explicarle que más allá del mágico mundo de color de Los Pinos, esos ocho pesos son baba de perico. A lo mejor se creyó aquello de que con seis mil pesos al mes se podía vivir como Yarrington, según decía el RBD Cordero. Tristemente la gente quiere comer tres veces al día y tener con qué enfrentar a los cobradores de Coppel.

¿En qué momento nos convertimos en criaturas tan materialistas los mexicanos? Quizá de todo esto tenga la culpa la manada de vacas gordas encabezadas por Javidú, Chesarito Duarte, el Padrote Padrés y los Moreira Brothers que, al ser exhibidos en toda su infinita vida de pachás, se han convertido en agentes del ejemplo aspiracional.

Las niñas ya no quieren ser princesas sino merecer abundancia, como Karime Macías, y los niños no desean ser bomberos o doctores, sino tener mínimo una casa blanca o, cuando menos, una en Malinalco o un departamentito de interés social en Miami o una baticueva de 38 mdp al estilo de Ochoa Reza, y andar en helicóptero hasta para ir al baño, como Gamboa Patrón.

Es por eso que aunque se pudiera haber puesto en entredicho el canon antipopulista que suele recitar, y como para darle otro empujón a la tremenda subida del 2% en el rating, el licenciado tendría que haberle metido un aumento más sustancial al salario mínimo. Por lo menos para que, trayendo algo de cash, los mexicanos no sean seducidos por los mesías tropicales que osan ponerle énfasis a lo social y no al capital.

Así como para que ahora le griten con gusto aquello de ¡salario mínimo al Presidente, para que vea lo bonito que se siente!

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto

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