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Jueves , 25.04.2019 / 07:50 Hoy

Política cero

Hay huevones que triunfan

Jairo Calixto Albarrán

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Todos queremos ser como El Nini Verde, vivir de pocas tuercas sin trabajar. El sueño dorado. La tierra prometida. El Santo Grial del sueño guajiro. Por eso le tenemos envidia. Y más ahora que después de haber faltado a su curul como si hubiera resbalado con mil cáscaras de Bacardí, pidió y le fue concedido ausentarse de un lugar como la Cámara de Diputados, donde de todas maneras no laboraba. Un genio. Hay huevones que triunfan, y este triunfó. Alguien tenía que decirlo.

Pero no es ningún reproche. Antes al contrario es un signo de admiración por un mexicano, de los muy pocos, que encuentran su vocación desde muy temprana hora. Es bueno que el nini de altísimos ingresos, don Jorge Emilio, haya mantenido esta vieja tradición familiar impuesta por su jefecito, El Viejo Verde.

Ahora bien, hay quienes dicen que se va dormir el sueño de los justos para dejarle el lugar a un antiguo aliado de mi licenciado Peña, su ex secretario particular, Martín Orozco, y le cuente si me lo quieren venadear a la malagueña y emprender a tiempo la graciosa huida. No está mal; están tan desprestigiados sus antiguos camaradas —digo, algo muy malo debe pasar si Osorio Chong tiene que alburearse con Xóchitl Galvez—, que es importante sacar gente de la banca y refrescar al equipo.

Como quiera que sea, yo prefiero que El Nini se dedique a las labores propias de un mirreyzazo, a que sea como el senador de Movimiento Ciudadano Samuel García, que se fue a Qatar de gorra a un congreso de ociosidades interplanetarias (a lo mejor iban a dilucidar la naturaleza del hoyo negro recién fotografiado que más bien parece, como dicen los memes, el Ojo de Saurón) y a presumir como mal imitador de Luisito comunica los detalles ñoños de su viaje. Lo mejor fue su asombro ante los precios de la gasolina, pero nadie le dijo que el fenómeno se debe a que ahí tienen sus propias refinerías.

Así las cosas, tengo la sospecha de que el diputeibol de Partido Verde no se fue tanto por flojera, sino por la impresión que le dio que el famoso cervazazo no fuera sino un vil truco publicitario. Así que mejor se fue a conmemorar el aniversario de Emiliano Zapata viendo la versión de Alejandro Fernández.

¡Espera, Emilito! ¡La nave del olvido no ha partido!

jairo.calixto@milenio.com
@jairocalixto

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