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Política cero

El síndrome del Jamaicón del "Chapo"

Jairo Calixto Albarrán

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A mí lo que me parece increíble es que nos digan que El Chapo Guzmán sigue en México, en los más agrestes territorios, allí donde viven los ermitaños y los anacoretas, en vez de llevar una vida de mirrey en Hawái, Bombay, que es un paraíso que él podría montarse en un piso.

Mí no comprende que luego de haber vivido en una cloaca de primera clase viendo Sabadazo, quiera seguir viviendo acá donde dicen que hay crimen organizado hasta en la capital. Y no lo digo por los muertos que aparecen por ahí, sino porque se quisieron robar el busto de Agustín Lara.

Digo, qué necesidad, como diría Juanga a dúo con Elton John, de andar huyendo en Sinaloa pudiendo estar en las antípodas dirigiendo un negocio, con un coco con ginebra en la mano, al que, por cierto, en todos estos años de histeria militarizada antinarco nomás le han hecho lo que el viento a Juárez y sigue tanto o más boyante que antes de que Jelipillo Calderón se pusiera el uniforme talla XXL de Sargento Pimienta.

Pero nomás no se va. Con lo peligroso que es andar por la patria ahora que ya van a dejar salir a los Abarca de la Parca por los buenos oficios de la PGR de Murillo Karam; donde también lo pueden levantar y llevarlo a Ayotzinapa o darle un tour por el basurero de Cocula; o pueden señalarlo peor que visitador de derechos humanos.

México es tan peligroso, que ya hasta están corriendo turbas de aviadores —solo para no ser menos que Monreal— en el gobierno veracruzano, donde, a un año de la salida de Duarte, apenas se dieron cuenta de que había 2 mil solo en la Secretaría de Cultura.

O sea, cualquiera diría que el problema de Guzmán Loera es que además de que le gusta el peligro y que me lo anden balaceando (dicen que clarito se oyó durante el operativo en Durango, gracias a los sistemas satelitales y las arañas que el líder del Cártel de Sinaloa gritaba, mientras huía en su cuatrimoto: “¡En la cara no, en la cara no, que de eso vivo!”), parece que también está inoculado con el más peligroso de los síndromes, el del Jamaicón.

Pero su morriña excesiva parece que no solo es por su apego a los tacos de chilorio, sino porque se ha hecho adicto a burlarse del gobierno federal.

De hecho, lo que quiere en el fondo el señor licenciado don Chapo, según se puede colegir de su poco pragmático comportamiento (bueno, también podría pensarse que no se quiere topar con AMLOVE en el extranjero y evitarse que lo acuse de estar con la mafia del poder), es que lo agarren otra vez solo para darse el lujo de hacerle al Houdini de nuevo.

Ya se le hizo vicio, más que el fornicio.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto

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