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Jueves , 18.04.2019 / 10:18 Hoy

Política cero

De tripas, cuajo y corazón

Jairo Calixto Albarrán

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Los tamborazos se escuchaban hasta nuestra facultad y como atraídos por el flautista de Hamelin de la bataca y la electricidad roquera llegamos corriendo hasta E-E-E-Economía, que era una facultad vecina donde todavía se acordaban de cuando a Chayito Robles todavía no se le había olvidado el marxismo y se podían ver carteles por todos lados con las barbas hirsutas de un montón de bolcheviques e hijos putativos del cuchillo, chuchara, que viva el Che Guevara. Se había corrido la voz de que eran los de Botellita de Jerez, la banda que estaba rompiendo esquemas en el rock mexicano, que era muy azotado con su humor negro sacado del Alármala de Tocs en Wings para guacarrockers en éxtasis. Fue uno de los momentos más alucinantes que pueda recordar: aquella banda, compuesta por Sergio Arau, El Mastuerzo y Armando Vega-Gil, rompía todo con madre, provistos por aquella poética-profética-mefistofélica para albureros irredentos jijos de su chingada madre. Los Botellos ahondaron en el laberinto de la calle de la Soledá a ritmo de baticumbia y construyeron un fresco insólito del México del rompe y rasga, del clásico cañangas ñangas al “Te gusta a ti ese son”, de la canción para un Armaño de este tamañote.

Indispensable la Botella que estaba en donde lo requería la patria para luchar contra los manchados y los que no sacaban para la maracachimba.

Con la muerte triste y muy pinche triste del maese de maeses, el Güeva Vil, se agolpan los recuerdos con este personajazo con el que me topaba a cada rato desde hace mil años en toquines y desmadres, proyectos y entrevistas parlanchinas.

Hoy, el sino no puede ser más trágico y confuso. Suicidio en la encrucijada de un hashtag, #MeTooMúsicos, que desde el anonimato le pegaron en la línea de flotación bajo acusaciones terribles, sostenidas con alfileres. Se entiende la intensidad y la intención, la urgencia de sacar a balcón estas historias de machismo y acoso, pero sin duda antes de hacerlo hay que pensarlo muy bien.

El desenlace triste de Armando no le resta importancia ni demerita al movimiento #MeToo, pero sí es un llamado a replantear las formas y los métodos, de ir más allá de la revancha.

Esto debe ser de tripas, cuajo y corazón, pero también de reflexión ¡Guacarock!

jairo.calixto@milenio.com
@jairocalixto

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