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Domingo , 21.04.2019 / 19:37 Hoy

Política cero

¡Aaay, ojetes!

Jairo Calixto Albarrán

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De preadolescente mis padres me llevaban a cosas muy raras, lo mismo a ver películas que estaban programadas para otras edades (aún no me recupero de Canoa) que a sesiones espiritistas de música folclórica latinoamericana y, por supuesto, a ver obras en el viejo edificio de Mascarones donde la banda de Cleta hacía de las suyas. Ahí conocí la obra, contestataria y provocadora, llamada El fantoche, creada por el ya conocido Enrique Cisneros, mejor conocido como El Llanero Solitito, que era públicamente izquierdoso, cuando serlo no era tan fácil como exigir contrapesos.

Hoy, amigos millennials que hacen activismo de meme, si acaso te acusarán de fifí o de conservador, pero en los viejos tiempos nomás te llevaban a empellones a Tlaxcoaque o a algún campo militar donde pasaba lo indecible.

En ese contexto tan bien diseñado por la revolución institucionalizada, El Llanero Solitito, luego Solidario, se enfrentó contra el sistema con esas obras de teatro que, hilvanadas entre el humor y la propaganda, buscaban concienciar al espectador.

Luego me lo topé en todas las marchas habidas y por haber donde la educación era primero para el hijo del obrero, y la educación después para el hijo del burgués. Lo podías ver en la Casa del Lago hasta que me lo echaron a patadas, o por todo el campus de la UNAM, donde se metía a tirar sus netas de la Cuarta internacional, pero antes dejaba pasar al gran Papirolas, que hacía maravillas con ojos de papel volando. Cada tanto lo veía en la tienda de la esquina, debatiendo airadamente con Don Aníbal, el tendero con el que protagonizaba la eterna batalla entre la chaviza y la momiza, la ultraizquierda contra la ultraderecha. Era divertido.

En estos días me lo encontraba con frecuencia en Coyoacán, con su greñero de siempre en tonalidades grises, paseando a su nieta a la que hacía reír mucho. A juzgar por su sonrisa, en estos tiempos en que el mundo se divide entre comunistas y anticomunistas, chairos y derechairos, en que ha vuelto la guerra fría de los que quieren contrapesos cuando deberían exigir tener más sexo, El Llanero Solitito tendría que sentirse a toda madre, era como regresar a lo básico y a todo pulmón hacer su grito de batalla “¡Aaay, ojetes!”

Que descanse en Marx.

jairo.calixto@milenio.com
@jairocalixto

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