Las personas que salen de sus lugares de origen en busca de mejores condiciones de vida no pueden ser vistas o tratadas como una amenaza, sino como un ejemplo porque arriesgan todo, hasta su vida.
La migración es uno de los fenómenos más importantes del siglo XXI porque cambió la realidad de México, de Estados Unidos, de Centroamérica y, en general, de todos los continentes.
De manera lamentable, los migrantes son vistos por una parte de la población como una amenaza y como la posibilidad de perder empleos o seguridad; sin embargo, la realidad es que enriquecen la cultura de una población.
En medio de la tercera década del presente siglo, los llamados sin papeles enfrentan momentos complicados porque son víctimas de violencia y, en general, de violaciones a sus derechos humanos.
El estado de Puebla, ubicado en el centro de México y en la ruta migratoria de quienes se dirigen hacia Estados Unidos y de quienes van de regreso a sus países, es testigo de un fenómeno que seguirá creciendo, aunque las estadísticas digan lo contrario.
Las personas en situación de movilidad que pasan por Puebla reconocen que existen diferentes factores que los obligaron a salir de sus lugares de origen, entre ellos, la violencia, los problemas de inseguridad, la necesidad de obtener dinero para apoyar a sus seres queridos, la falta de empleo y, en particular, el deseo de mejores oportunidades en todos los sentidos.
Los llamados sin papeles no son un riesgo ni un peligro para un país. La historia de las migraciones en México y en el mundo está marcada por personas que salieron en busca de cambiar su realidad. Todo mundo tiene derecho, sin importar su lugar de nacimiento, a mejores condiciones de vida.
En medio de las adversidades y de un discurso antiinmigrante, las personas siguen en busca de mejores condiciones de para vivir. Nadie tiene el derecho de coartar el deseo de mejorar. Cada migrante, niño, niña, adolescente, mujer, hombre o persona de tercera edad arriesga todo por mejorar y, a pesar de que esté en riesgo su vida, no se detendrán en su lucha por alcanzar sus sueños. Al final cada migrante, cumple con el dicho que significa no retroceder: “Para atrás ni para tomar impulso”.