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Sábado , 20.04.2019 / 01:54 Hoy

Ruta norte

El Ser de Macho Viejo

Jaime Muñoz Vargas

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Entre otras virtudes, el género literario llamado novela tiene la capacidad, como recipiente, de contener la vida. 

Es, por supuesto, un artificio, un mecano armado para persuadir al lector de que en unas cuantas páginas es viable incrustar las azarosas y múltiples andanzas que se dan en el telar de la existencia real. Macho Viejo (Alfaguara, México, 2015, 150 pp.), de Hernán Lara Zavala (DF, 1943), tiene esta peculiaridad. 

En un palmo de papel, el escritor ha logrado atravesar los afanes de Ricardo Villamonte, alias Macho Viejo, médico sin título que ha decidido ejercer su profesión en un lugar, Puerto Marinero y sus alrededores, al que muy difícilmente, si no fuera por él, habría podido llegar la ciencia médica.

El ágil y poético relato de Lara Zavala sigue, como dije, los pasos de Macho Viejo. No conocemos su pasado remoto, es decir, su niñez ni su adolescencia, y de hecho nada sabemos de sus estudios profesionales e inconclusos en la capital del país. 

Desde el arranque de la historia lo vemos instalado en su casa-consultorio de Puerto Marinero, sitio al que acuden todos los lugareños ante las eventualidades de la enfermedad o el accidente.

Sin que se nos aclare explícitamente, porque es innecesario, Macho Viejo es un hombre que ha renunciado al progreso que por lo general conlleva la práctica médica; en vez de eso siente, ajeno al panfleto, que su lugar en el mundo está allí donde sus pacientes tienen tan poco que a veces le pagan en especie, si es que le pagan. Su oficio es curar, y lo hace con sosegada alegría y hasta con humor. 

En ese espacio remoto, Villamonte se da tiempo para Ser en el sentido más hondo de este verbo, o sea, para escudriñar el sentido de su vida, para vincularse al mar, a la gente humilde y a los animales de la selva con la convicción de que todo eso esconde misterios por los que vale la pena existir.

A trancos breves (tiene XLVI capítulos) y con planos espacio-temporales zigzagueantes, Macho Viejo encuentra en el amor —y en su manifestación más concreta: la carnal— el mayor de los impulsos y el más profundo de los asombros. 

Sus relaciones con Cintia y Rosa, dos mujeres muy distintas, son contadas con desinhibición, tal y como actuamos cuando en el juego erótico la plenitud del sexo nos humaniza pese a parecer lo contrario.

Macho Viejo es la más reciente novela de HLZ, un escritor necesario en la literatura mexicana.

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