Sucedió tal como se pronosticó: se incrementaron los casos del corvid-19 en Jalisco durante la semana pasada. Cuando en una entidad federativa se decide que es el momento de reiniciar labores para reactivar la economía y no estudian ni calculan los daños que una equivocada decisión puede acarrear, algo anda mal. De tal suerte que los resultados no se hicieron esperar, los contagios y fallecimientos se incrementaron notablemente durante la semana que terminó. El gobierno estatal, con reservas, comunicó a la población que podíamos abandonar el confinamiento bajo nuestro propio riesgo, en otras palabras: ráscate con tus propias uñas.
Aunque desde hace varias semanas se habla de la nueva normalidad, no se ha explicado con objetividad en qué consiste ésta. Por eso es que debido al desconocimiento de la “nueva”, mucha gente prefiere la vieja. Como dice el refrán: más vale malo por conocido que bueno por conocer. Una pandemia como la que hemos vivido en México durante los últimos cien días, podría propiciar una verdadera evolución social, siempre y cuando todos los habitantes de este país estuviéramos sintonizados en la misma frecuencia. Me refiero a jalar parejo gobierno y ciudadanía. Sería conveniente que compartiéramos responsabilidades y que en beneficio de nuestro bienestar común procuráramos integrarnos como una sociedad armoniosa y civilizada.
Sin embargo, si algo distingue en estos momentos a nuestro país, es lo que los enterados llaman polarización: buenos contra malos, pobres contra opulentos, en fin… unos contra otros… Estas absurdas circunstancias no son nuevas, datan desde antes de la revolución. De hecho, las diferencias de clases fue una de las razones de nuestra gesta revolucionaria, pero nada cambió, excepto que los integrantes de los “gobiernos revolucionarios”, durante los últimos 100 años saquearon a México y sumieron más en la miseria a los marginados y olvidados de siempre.
La historia se repite
Con el arribo del mortífero covid-19 en nuestro país, los más afectados han sido los pobres. Ni la capacidad hospitalaria, ni los insumos, ni el personal de salud son suficientes para atenderlos. Por si fuera poco, en los cementerios no alcanzan las fosas para sepultarlos. Eso es triste. Pero eso sí, las críticas malsanas (en el supuesto que hubiera otras) culpan a los gobiernos de la situación. La responsabilidad, igual que la solución, debe ser compartida: ciudadanía-gobierno. En Nueva Zelanda, por ejemplo, se logró controlar al covid-19 porque la ciudadanía acató el llamado del gobierno: se quedaron en casa y se aplanó la curva.
En nuestro caso las condiciones socio-económicas son radicalmente distintas a las de Nueva Zelanda. La población de bajos recursos se ha visto obligada a salir para buscar el sustento de su familia. Si no salen no comen.
Colofón
El semáforo continuará en rojo el resto del mes.
Estimado lector, si no tienes necesidad de salir, quédate en casa. El coronavirus continúa acechándonos.
jaimemarinsr@jmarin.com