Opinión
Irene Vallejo
Irene Vallejo
  • Irene Vallejo Moreu es filóloga y escritora española.​ Por su libro El infinito en un junco​ recibió el Premio Nacional de Ensayo 2020 y el Premio Aragón 2021.​ Publica su columna Los Atltas de Pandora.
  • La soledad del cuidador de fondo | Por Irene Vallejo

    La palabra “economía” proviene del griego oikos, “casa”; en su origen remoto, describía la administración del hogar. (Ilustración: Román)
    Al cuidar de alguien vulnerable, las soluciones individuales pueden aliviar, pero hace falta sentido de lo común, y comunidades de sentido.
  • Claroscuros

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    Un préstamo es un acto de optimismo, un voto de confianza en un futuro de ganancias que permitirán pagar. De hecho, la palabra “acreedor” viene de “creer” y se refiere al que fía y se fía.
  • Sirenas

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    La voz de las sirenas es inquietante. El timbre de los coches de bomberos, de policía o las ambulancias recuerda, en el horizonte sonoro de la ciudad, la existencia del peligro.
  • Amistades peligrosas

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    La corrupción prospera cuando el poder asegura impunidad, como muestra el ejemplo romano de alianzas y abusos de confianza.
  • La vieja crueldad presume de juventud

    Quien disfruta de mando o éxito absoluto se desliza por una pendiente peligrosa hacia el orgullo y el atropello. (Ilustración: Román)
    A lo largo de la historia, las potencias y los individuos se muestran crueles cuando se sienten inestables.
  • Pactar

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    Para los romanos, la política consistía en trenzar acuerdos cotidianamente
  • Para mañana

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    Cuántas veces reconocemos la necesidad de tomar medidas duras, pero antes nos concedemos un tiempo para remolonear aplazando el momento de actuar.
  • El don de la conversación | Por Irene Vallejo

    “Conversar” viene del latín versare, “girar”. Se refiere a convivir, converger, a cambiar, darse la vuelta en compañía. (Ilustración: Román)
    La fascinación por el diálogo se remonta hasta los antiguos griegos y hoy parece extinguirse.
  • La deserción de los nombres

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    Olvidar nombres es un suplicio moderno, pero en la antigua Roma, los 'nomenclators' ayudaban a evitar esos apuros sociales.