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Domingo , 19.05.2019 / 18:25 Hoy

Crónicas urbanas

“La cultura también se bebe”

Humberto Ríos Navarrete

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Es un escaparate de artes plásticas, literatura y música. Para sus padres es un espacio que va y viene “entre la tradición y la vanguardia”. Son palabras que identifican a Los Insurgentes, una pulquería donde “la cultura también se bebe”, según el eslogan, pues mientras un día tocan jazz, otro hay lectura de poesía o la presentación de un libro; observar una muestra de pintura o ensimismarse en el mural de Daniel Lezama, Pillahuana, iluminado por lámparas en lo alto de la planta baja.

La obra de Lezama, que atrae miradas como un inevitable imán, “representa al año bisiesto en la cosmogonía azteca —es decir, solo ocurría cada cuatro años— y durante el cual toda la población debía tomar pulque, incluyendo a los niños considerando que a lo largo del año el pulque es visto como bebida sagrada y normalmente solo permitido tomarlo a altos gobernantes y miembros de la religión”.

Y habrá que ir hacia atrás.

Año: 2010.

Alan Ureña recordaría aquel día: “Nos abrieron la puerta y entré en una especie de shock, ya que fue impactante el momento de encontrar una casa porfiriana abandonada, oscura, llena de escombros y muebles inservibles, la mayoría de ellos de metal oxidado y frío. Al despertar de ese shock, empecé a visualizar y a proyectar el potencial de ese lugar y que en paralelo también lo hacía mi socio”.

Quedó deslumbrado y empezó a hilar. Tendría que empezar de cero. “Para mí no había otra —escribió en un texto—, era el momento de realizar el proyecto y el reto no era fácil, así que coincidimos en que era ‘el lugar’. Iniciar esa aventura fue una gran apuesta”.

En el libro Entre la tradición y la vanguardia, con el que celebraron el sexto aniversario de pulquería Los Insurgentes, Ureña evoca una anécdota con Carlos Martínez Rentería, “nuestro querido miembro promotor de la cultura y el arte”, quien “se acercó a preguntar en qué estábamos trabajando, y de manera muy sencilla le explicamos nuestra idea de la que después fue nombrada como la primer neopulquería...”

Pronto, “nuestro creativo amigo empezó a generar miles de ideas”, pero no las reveló de inmediato, “sino conforme pasaban los días, se acercaba cada vez más interesado, hasta que de la curiosidad pasó a aterrizar ideas de intercambio cultural...”

Y aquí mismo está Martínez Rentería, de voz aguardentosa y armado de un jaibol, enjuto, quien echa mano de su buena memoria.

—Desde antes de que la pulquería se abriera —dice—, los dos fundadores, Gustavo Ruiz y Alan Ureña, me invitaron a participar con ellos. De hecho, la primera actividad, a puerta cerrada, fue celebrar nuestros cumpleaños; simbólicamente fueron con un día de diferencia: 26 de febrero, 27 de febrero y 28 de febrero.

—¿Hace cuánto?

—La pulquería se inauguró el 22 de marzo de hace siete años, en 2010, y en este tiempo llevamos alrededor de 2 mil actividades culturales —contesta mientras ve los ojos de plato de su interlocutor—. Sí, estamos hablando de un promedio de tres o cuatro por semana.

***

Las imágenes de aquel vetusto inmueble —Insurgentes Sur 226, colonia Roma—desfilan por la memoria de Alan Ureña: “Tomamos esta casa que usaban de bodega de desechos. Fue duro el trabajo. Pero la idea era acercar el pulque otra vez a los jóvenes y también como oferta cultural. Yo siempre tuve la idea y las ganas, porque lo padecí de más joven, de salir a espacios interesantes y era difícil encontrarlos con música y una oferta visual”.

La casa tiene cuatro niveles y en cada espacio, comenta, “suceden cosas diferentes: música, proyección de cine, lecturas, tenemos un área de galería, otra donde hay una obra permanente, como la de Daniel Lezama, y la actitud de ofrecer, ¿no?”

—¿Qué tanto vendes de pulque?

—Pueeessss... qué serán... 500 litros semanales. A partir de que abrimos la pulquería Los Insurgentes, otros espacios incluyeron el pulque en su carta, pero no lo veo como una competencia.

—Y cuál es el de la casa?

—Los Insurgentes: lleva arándano, jamaica, le agregamos un toquecito de ginebra —“nomás un toquecito”, agrega y sonríe—, para darle otro sabor. Tiene éxito.

—¿Y otros curados?

—Lo que esté en la temporada, pero son muy solicitados los frescos; en esta temporada de calorcito, pues apio, piña, mango, guanábana; otros que son cremosos, que ya llevan su leche, lechera; otros, de avena...

—¿Y de dónde lo traen?

—De Acamilpa, Tlaxcala, pero estamos en búsqueda, tratando de traer pulque de diferentes regiones. Hay muchas; por ejemplo, en Hidalgo; en el Estado de México también producen buen pulque, por las zonas de Chalma y Malinalco.

—¿Qué tan difícil es?

—Estamos en cuestiones de logística, porque justo aquí viene el detalle: los productores son gente de campo, que de repente no tienen recursos para transportarse, entonces hay que buscar cómo recogerlos en su pueblito.

—¿Es una pulquería con un perfil único?

—Sí, de hecho nos catalogan como neopulquería; bueno, no somos una pulquería tradicional; pero sí revivimos el pulque, porque estaban en peligro de desaparecer las pulquerías; y bueno, en tu carta puedes meter pulque, ginebra, vodka, güisqui...

***

Entre “otras equivocaciones”, bromea Martínez Rentería, fue reportero cultural durante 11 años y ha sido colaborador de varios periódicos, entre ellos MILENIO, de 2000 a 2001.

Dirige “la necia” revista Generación desde 1988 y es coeditor de la revista Cáñamo. En La Pulquería hace “un intenso, divertido y etílico trabajo de promoción cultural, contando con la solidaria complicidad de decenas de amigos artistas, cineastas, escritores, poetas, pintores, periodistas y locos”.

Y de ellos numera una larga lista: Daniel Lezama, Guillermo Fadanelli, JM Servín, Toño Calera, Damián Flores, Guillermo Gómez Peña, Gustavo Gamou, Patricia Soriano, Felipe Posadas y muchos más.

Menciona a Emiliano Martínez Escoto, “fundamental para la realización de todas las actividades culturales, entre las que destacan la difusión de la cultura del pulque y acciones por la despenalización de la mota”.

—¿Pulque y cultura?

—Sí. La primera actividad de la pulquería fue realizar un número especial de la revista Generación dedicada al pulque. Entonces estuvimos yendo a ex haciendas pulqueras. Le hice una entrevista a don Nabor Martínez, uno de los viejos pulqueros que falleció hace un par de años. Él fue el dueño de La Risa, pulquería que está en Callejón de Regina y Mesones, considerada la más antigua de las que existen en México.

Todas las exposiciones son temporales, comenta Martínez, luego de que se le pregunta sobre una de la Generación Beat, que ahora está, con la foto gigante de William Bourroughs, quien parece recibir con un viejo revólver en ambas manos.

—¿Cuál es el perfil de la gente que viene a la pulquería?

—Los clientes son jóvenes. Digamos que la vida cultural va construyendo un cierto tipo de público. Lo interesante es que se juntan. Hemos incursionado en el terreno del performance, el cine experimental; y, por ejemplo, ha habido mucho éxito con lecturas de poesía de jóvenes poetas.

—Y de vanguardia...

—Sí, creo que, en general, son escritores, artistas, que podíamos decir de vanguardia o que se vinculan o tienen una cercanía con esto que llamamos contracultura; además tenemos un eslogan que dice: “La cultura también se bebe”.

—Tiene raíz mexicana.

—Claro, en estos siete años hemos hecho más de 30 eventos con el tema. Hacemos sábados pulqueros, que consisten en invitar grupos de tlachiqueros, músicos y degustación gastronómica. Pagamos su transporte, ofrecemos de beber y comer, y ellos traen una degustación, una muestra de la cultura pulquera de diferentes regiones.

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