• Regístrate
Estás leyendo: "El Chino" y aquel arsenal de droga
Comparte esta noticia
Miércoles , 20.03.2019 / 02:18 Hoy

Crónicas urbanas

"El Chino" y aquel arsenal de droga

Humberto Ríos Navarrete

Publicidad
Publicidad

El Chino, quien ya regó estas tierras con su sapiencia, podría ser un ejemplo de quien brota de inmersiones arriesgadas, pues comenzó desde niño a beber alcohol, todo por el amor de una mujer, y fueron las baladas de su época que descifró y, ha dicho, lo arrastraron a cantinas y banquetas, hasta donde lo emplazaban amigos, todos más grandes que él, pues había descubierto a su noviecita reclinada en las escaleras del condominio mientras su mejor amigo le ceñía la cintura y se besuqueaban; aunque más bien parecía ser un pretexto para descarriarse y entonces incursionar en asaltos, robos, además de embutirse todo tipo de drogas, desde blandas, como la mariguana, hasta el llamado bote, que lo hizo arañar un viaje sin retorno, pero sobre el que más cabalgó fue en el potro de la autodestrucción llamado alcoholismo.

—Nosotros —dice El Chino, refiriéndose a los alcohólicos— entramos a las tinieblas y volvemos a salir; morimos y volvemos a nacer, güey, en el sentido espiritual.

El Chino, apodo que le endilgó en aquel tiempo uno de los incipientes depredadores de Tepito, barrio donde conoció a quienes años más tarde se convertirían entre los más peligrosos delincuentes —algunos ya muertos, otros en la cárcel y otros más que aún regentan—, en ningún momento pretende erigirse como prototipo de renacimiento, ni intenta ofrecer clases de moral, ni se persigna ni besa la cruz, como algunos juramentan, aunque sí facilita su caló de barrio para quien quiera entrarle al grupo Alcohólicos Anónimos, para lo cual describe las tres fases del que no puede dejar de beber; más aún a quienes, como él, lograron salvarse de tres balazos, uno de los cuales estuvo a punto de despedazarle la arteria femoral y otro más la yugular.

—O sea...

—Hay tres tipos de alcohólicos: el bebedor social, el bebedor fuerte y el bebedor problema. ¿Cuál es aquel bebedor social? El que llega a la fiesta, se chinga dos, tres cubas, güey, y tan, tan, tan, ¿no?; el bebedor fuerte, que llega a la fiesta y, chingue su madre, hasta derribar aviones y queda culo pa’ arriba; el alcohólico problema, güey, es aquel cabrón que se emborracha y aparte agrede a su familia; empieza… fíjate lo que te voy a decir, güey, esto es importante que lo pongas:

—Sí, sigue...

—...que empieza a romper, güey, fibras morales de la familia, y cuáles son esas fibras morales, güey, pues que la empieza a agredir verbalmente.

—El alcohólico “problema”.

—Imagínate quién quiere a un pinche loco, güey, que rompe los muebles, güey, que agrede a la gente, que golpea a la familia, y solo por un trago de alcohol, ¿eh?

—Hasta los perfumes se zampa.

—Sí, güey, yo no llegué a ese grado, pero sí conozco a gente; y ahí te va el otro: así como al que le gusta la piedra y se puede morir de un paro cardiaco, el alcohólico se puede morir de una congestión. Con la congestión alcohólica... te mueres; te carga la chingada.

***

El Chino se sincera en la esquina de las calles Humboldt y Artículo 123, una zona en la que recalan miembros de los llamados Escuadrones de la Muerte —entre alcoholizados, consumidores de drogas y otras sustancias que los convierten en zombis­—, un escenario propicio para advertir:

—El alcohólico, güey, no se da cuenta de su devastadora debilidad y consecuencias. Dice la Organización Mundial de la Salud que el alcoholismo no tiene cura, pues es una enfermedad progresiva y mortal; pero este programa de Alcohólicos Anónimos es tan maravilloso...

Ninguna droga le produjo adicción como el alcohol. “Literal, ninguna”, recalca cuando se le insinúa cierta incredulidad. “Cuando tenía unos 15 años fue cuando conocí la cocaína; en ese entonces, lo que más se usaba era la inhalada, la que le dicen ‘blanca’, y ya con los años, pues salió el bote, pero a mí, la neta, no se me hizo vicio”.

—¿Y entonces?

—Andaba pedo y me metía los famosos lineazos; pero de ahí a que se me hiciera vicio, no, porque solo lo hacía cuando chupaba. Era el efecto del bajón. Porque has de cuenta que el efecto de la cocaína blanca, güey, te aliviana, te activa otra vez.

—Cuál sería lo peligroso de la coca.

—Te madrea la nariz y es más cara. Y el famoso papel son unos papelitos que te venden a 150 varos, no sé ahorita cuánto valgan, pero son como piedritas. Ese es el bote, la piedra.

—Y es más maligna.

—Sí, güey, porque cuando la estás fumando, güey, te alteras demasiado, tu corazón empieza a agitarse y te puede dar un paro cardiaco y a la verde. Es algo que te tensa bien culero, güey.

—También probaste la

mariguana.

—Sí, tampoco se me hizo vicio. Bueno, la mariguana tiene usos curativos. Hay gente que fuma porque padece de los nervios. La mariguana hace que te relajes. Y hay güeyes que les late la mariguana porque les late sentirse tranquilos, andar en la pendeja.

—Cuando entras a doble A dejas todas las drogas.

—Sí, por supuesto, todo, porque andando en el alcoholismo había muchos problemas en mi vida y las mismas vivencias y los mismos dolores, o clamores del espíritu, hacen que te derrotes. O sea, cuando vienes de la guerra, qué quieres: pues paz.



***

Lo que poco menciona El Chino, que no sean las sesiones de doble A, es que tuvo un encuentro frustrado con una psicóloga.

—¿Qué pasó?

—Pues me la quería conchabar; entonces me dice; bueno, es un decir: “Sabes qué onda, güey, no mames, ya no vengas; me dices que estás yendo al grupo, sigue ahí, ahí te van a alivianar; pero siempre y cuando digas tu verdad”.

—¿Le dijiste algo malo?

—Sí, güey, porque el alcohólico está loco; los alcohólicos tenemos un desequilibrio mental y emocional, güey.

—Pero en ese momento no estabas alcoholizado.

—No, pero como ya conocía parte de la debilidad humana, güey, porque veía que la doctora se sentaba en el sillón, cruzaba sus pies y me empezaba a hacer preguntas muy tontas, pues pensé en hacerle un cerco psicológico en corto.

—Te quisiste pasar de lanza y te lanzó...

—Sí, me mandó a la chingada; es más, ese día ni el dinero me aceptó. Me dijo en buena onda que siguiera en el grupo.

—¿Nunca volverás a beber?

—Yo te puedo a decir que ya no voy beber, ¿eh?, en mi vida no volveré a beber, porque si lo hago, pa’ pronto, me muero —advierte quien tiene 15 años de no probar ni siquiera una gota de rompope.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.