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Crónica

El Centro (cuatro acuarelas)

Hugo Roca Joglar

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1

La luz distorsiona rostros. Cada persona se protege como puede del brillo inclemente. Se cierran párpados, se mueven dedos, se arrugan frentes. Mediodía invernal. Último viernes de febrero. Tanta claridad incomoda; la definición excesiva duele y es necesario defenderse. Se estiran brazos, se esconden cabezas, se contraen labios. Los gestos se deforman hacia lo grotesco. Sin la protección de los edificios, la luz se desborda sobre las caras en el cruce entre Mesones y 20 de Noviembre. Una luz densa, lechosa, dura, hostil y seca. Hay que protegerse y acelerar el paso para abandonar lo más rápido posible el espacio de la luz salvaje.

2

Y de pronto, a las 12:03, una muchacha cruza con lentitud solemne; la barbilla alta, el cabello suelto, la piel lisa y los ojos abiertos. Resulta admirable que su rostro resista sin inmutarse el ataque de la brutalidad cromática. Avanza por Mesones con tenis blancos, calcetines negros y pants rojos. Da la vuelta a la derecha en Bolívar y sube cuatro cuadras hacia Madero. Sus brazos se balancean ligeramente a los lados; palmas rugosas, dedos chatos y un anillo en el índice izquierdo. Cruza calles, rebasa gente y espera ante semáforos en rojo; todo lo hace con calma. Espalda ancha y piernas largas; su cuerpo desprende tenuidad.

3

En Madero, la mujer se pierde entre el ajetreo y la luz inclemente obliga a que la gente camine por las orillas de esta calle peatonal bajo las sombras que se proyectan desde edificios cuyos interiores ofrecen farmacias, joyerías, fondas, cantinas y tiendas de ropa. Los locatarios de estos establecimientos son extorsionados desde 2017 por gente que en nombre de La Unión de Tepito exige pagos mensuales a cambio de dejarlos en paz. Para defenderse, los locatarios contrataron guardaespaldas. El lunes, éstos golpearon a dos presuntos extorsionadores. Hubo un disparo al aire. Los dos hombres heridos fueron detenidos. Dijeron ser turistas colombianos. Han pasado cuatro días. La atmósfera en Madero es tensa, hostil y siniestra. Guaruras protegen tiendas de narcotraficantes que en la extorsión han encontrado una fuente de financiamiento paralela a las drogas. “Van a regresar a vengarse”, dice el administrador de una joyería, “y los estaremos esperando”.

4

Madero quizá esté a punto de convertirse en el escenario de una masacre, y el simple hecho de que esa posibilidad exista —sicarios, balacera, ejecuciones y cadáveres en el pasaje comercial que une el Zócalo con Bellas Artes— significa que el terror se ha apoderado de Ciudad de México. Y el capitalino debe aferrarse a la humanidad: a hacer el amor, adoptar perros y salir a pasear; a observar colores, experimentar la luz y enamorarse de alguien por la forma en que camina. Pero el terror ha crecido hasta convertirse en una presencia absoluta que late detrás de cada tienda y de cada calle, que cubre luces, sensualidad, ilusiones, pensamientos, emociones y paseos.

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