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Jueves , 21.03.2019 / 06:15 Hoy

El país de las maravillas

Cómo no combatir la corrupción, al estilo Nuevo León

Horacio Salazar

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Nuevo León está que arde, y no solo porque apenas entrado el verano los termómetros rebasaron los 40 grados Celsius. También arde porque está en juego la aprobación del paquete legislativo que da forma al Sistema Estatal Anticorrupción. El Ejecutivo estatal, el inefable Jaime Rodríguez Calderón, se ha puesto a jugar a las vencidas con el Congreso local, y el asunto lleva semanas dirimiéndose en toda clase de tribunas.

Al terminar su segundo periodo ordinario de sesiones, los 42 diputados aprobaron por unanimidad su versión del SEA, y de inmediato los minions de El Bronco presentaron una controversia constitucional con la sana intención de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolviera la no implementación del sistema. Pero el ministro al que le tocó el caso le dijo “¡No!” a los abogados del Ejecutivo estatal, de modo que El Bronco tuvo que publicar el texto de la ley que aprobaron los diputados, reservándose más medidas legales.

El pasado 9 de junio, el secretario general de Gobierno, Manuel González Flores, presentó en la Oficialía de Partes del Congreso un documento por el cual el Poder Ejecutivo declaraba su intención de vetar la aprobación del SEA. El funcionario enumeró seis razones por las cuales dijo el sistema aprobado por los diputados no debería seguir adelante.

En respuesta al veto, los legisladores convocaron a un periodo extraordinario para resolver el asunto. Por lo pronto, ayer las comisiones que ven el caso resolvieron que no aceptarán el veto. Esto significa que intentarán votar de nuevo el texto que ya aprobaron, aunque dicho dictamen tendrá que contar al menos 28 de los 42 votos a favor.

¿Y después? Bueno, el Gobierno del Estado ya anticipó lo que ocurrirá: volverá a recurrir la ley aprobada por los legisladores, ahora en una corte local, y en palabras del ya citado Manuel González, estas medidas harán que la aprobación final de este fragmento de legislación se lleve muchos meses más.

¿Qué hay de patético en este singular circo de dos pistas? Muchas cosas. Vale la pena destacar algunas. La primera es que el Poder Ejecutivo no está trabajando de la mano con el Congreso, sino viéndolo como su adversario.

En los hechos, lo que El Bronco quiere es que el mandamás del SEA, el fiscal Anticorrupción, sea designado a partir de una elección popular. El Congreso teme que esto pueda ser usado para pervertir la elección.

¿Qué aprendemos de todo esto? Que legislar contra la corrupción nos costará mucho más caro porque diputados y Poder Ejecutivo no se ponen de acuerdo en cómo. Mientras prive la desunión, pagaremos caro el tener un sistema que, a la larga, será tan falible que será inútil para combatir la corrupción. Y por si fuera poco, el calor no hará más que aumentar.

horacio.salazar@milenio.com

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