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Martes , 23.04.2019 / 19:47 Hoy

Ante el espejo

La vida

Hernán Mejía López

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El 22 de mayo celebramos simbólicamente un día muy importante para todos, sí, para todos, sin importar nacionalidad, edad, religión o ideología, etc: el "Día Internacional de la Diversidad Biológica"; festejo que debiera de ser permanente. Al concientizarnos de que no hay mejor inversión -de pensar global y actuar local- que el bienestar de todos los seres animales, vegetales y humanos que cohabitamos el planeta Tierra. La diversidad biológica es la base de la vida en nuestro mundo y particularmente de los multiservicios que comparten para nuestro beneficio los ecosistemas.

México es uno de los países con mayor diversidad biológica, pues en casi 2 millones de kilómetros cuadrados están casi todos los climas del planeta. Nuestra ubicación geográfica, itinerante topografía y variada geología, hacen prácticamente posible que se desarrolle la mayoría de los ecosistemas terrestres; ocupamos el segundo lugar en número de ecosistemas y el cuarto en especies animales y vegetales; contamos con 12% de las especies del planeta; somos el segundo país del continente con mayor número de centros de diversidad de especies y hábitats de plantas; también contamos con buena parte del arrecife mesoamericano, que es la segunda barrera más grande de corales, moluscos y peces del orbe; también se hallan más de 2 mil 500 especies de aves con distribución restringida en unos 50 mil kilómetros cuadrados y al menos 22 áreas de aves endémicas.

México, con solo 1% de la extensión terrestre del planeta, alberga 10% de las especies; nuestra variedad forestal de matorrales, bosques, selvas, etc., equivale a más de 138 millones de hectáreas, es decir, a 71% de la superficie nacional. A nivel federal contamos con 177 áreas naturales protegidas que significan más de 25 millones de hectáreas; resguardamos a más de 11 mil kilómetros de litorales, en ellos reposa nuestra extraordinaria diversidad marina, y somos privilegiados por tener entre nosotros a una de las zonas más generosas y ricas en flora y fauna marina del mundo: el Golfo de California o Mar de Cortés.

Como usuarios del planeta Tierra estamos obligados a pensar críticamente y a actuar reflexivamente en todo lo relacionado al medio ambiente y a su desarrollo sustentable. El desencanto de la posmodernidad nos ha evidenciado la irracionalidad de muchos de nuestros supuestos fines como especie humana; aunado a nuestra urgente emancipación de cualquier forma contaminante. Nuestra sociedad es de progreso agotado porque nos ha llevado a la extinción de la vida animal y vegetal, al daño doloso de la existencia humana, etc. Bajo la apariencia social del goce, hemos perdido gran parte de la conexión con la naturaleza y sus formas de vida.

Aún estamos a tiempo como gobierno y sociedad de asumir nuestra responsabilidad con acciones comprometidas que reduzcan, eviten y mitiguen los impactos dañinos en los servicios eco-sistémicos, apoyando a la gente y a sus medios de subsistencia; fortaleciendo todas las actividades productivas que contribuyan al desarrollo ecológico y sustentable.

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