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Sábado , 23.02.2019 / 02:00 Hoy

El Manubrio

Uber y la batalla por España

Héctor Zamarrón

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España siempre ha servido como espejo para México, por eso la batalla que dieron los taxistas españoles contra Uber fue un buen ejemplo para reflejarse y prepararse ante las que vienen en México.

Las protestas de enero contra las empresas de taxis por aplicación —o VTC como les llaman los españoles, por vehículos de turismo con conductor— llevó a la salida de Uber y Cabify de Barcelona tras rechazar las condiciones que el gobierno quería imponerles por presión del gremio de taxistas.

En Madrid, los taxistas intentaron domar al ayuntamiento para que restringiera el avance de Uber y Cabify pero no tuvieron suerte. Su paro, de 16 días en medio de una de las ferias más concurridas de Madrid, la Internacional de Turismo (Fitur), los dejó derrotados pese a manifestaciones, bloqueos y negociaciones.

Queriendo emular la victoria que sus colegas catalanes, trataron de replicarla en Madrid y perdieron. En medio quedan muchas lecciones. Acá en México se han vivido batallas campales en el Aeropuerto Benito Juárez, en Cancún, en Guadalajara y en Oaxaca, entre otros sitios, pero aún no adquieren la dimensión masiva que tuvieron las españolas.

Entre las peticiones enarboladas en Madrid estaban obligar al uso de taxis por aplicación solo con precontratación, es decir, si se reserva con 15 minutos de anticipación, o restringir sus zonas de operación a más de 300 metros del punto de donde esté el usuario.

La meta es darle ventaja al taxi, una industria obsoleta basada en explotar una placa concedida por la autoridad y regulada escasamente, con abusos constantes para los pasajeros.

¿Qué sigue para México donde en su capital mejor se regulan los patines eléctricos que el número de unidades de Uber, Cabify, Easy, Didi o Beat en circulación? Donde se exige una contraprestación a las empresas de bicicletas sin anclaje y se deja que todo tipo de negocios medre del espacio público.

Contratar un servicio de transporte mediante una aplicación es irrenunciable. Es una innovación que llegó para quedarse por las ventajas que conlleva: pago electrónico, mayor seguridad y un sistema de calificación usuario/conductor que funciona como red social.

Sin embargo, estudios en Estados Unidos muestran que estas compañías incrementan el tráfico o congestión, el número de accidentes, el deterioro del transporte público y aumentan la contaminación y los daños a la salud por el elevado número de automóviles en circulación (Schaller Consulting, The New Automobility, 2018). Gran número de esos viajes no se habrían hecho o habrían sido en transporte público o a pie.

El dramático ejemplo español sirve para tomar lecciones y comenzar las discusiones locales que toca dar en Sinaloa, en Veracruz, en Oaxaca, en Quintana Roo, en Guerrero y en muchos otros estados donde se busca la mejor fórmula para regular a estas trasnacionales.

La discusión está abierta.

hector.zamarron@milenio.com
Twitter: @hzamarron

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