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Sábado , 16.02.2019 / 15:52 Hoy

El Manubrio

La invasión de los patines eléctricos

Héctor Zamarrón

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A pesar de la muerte de un usuario y de las protestas y sabotajes de vecinos, los patines eléctricos o scooters llegaron para quedarse, lo mismo que las bicicletas sin anclaje. Su aparición es un fenómeno nuevo en las ciudades y su crecimiento desconcierta tanto a usuarios, autoridades, peatones, ciclistas como a conductores de vehículos.

El patín, monopatín o scooter funcionó como juguete durante décadas, apropiado más para los niños que para los adultos. Hemos tenido épocas en las que revive, como a fines del siglo pasado cuando los chinos hicieron patines plegables que pronto pasaron de moda.

Bird y Lime son dos compañías estadunidenses surgidas a fines de 2017, cuando empresarios de California descubrieron que colocar un motor eléctrico potenciaba a los patines del diablo y los convertía en un excelente vehículo para recorrer ese tramo que los expertos en movilidad conocen como “la última milla”, es decir, la distancia que una persona tiene que caminar para llegar a su destino tras bajar del transporte público.

En CdMx seis empresas tienen solicitud para operar desde octubre y noviembre pasados: Grin, Bird, Lime, Motum, Movo y Econduce. En rigor, solo las tres primeras tienen patines en las calles. Grin pertenece a empresarios mexicanos que han recibido financiamiento de fondos de inversión, mientras que Bird fue fundada por un ex ejecutivo de Uber y compite en el mundo con Lime, que comenzó con bicicletas sin anclaje y evolucionó a la renta de patines.

En México tienen apenas seis meses de operar y han tenido un crecimiento espectacular, al grado que ya se expandieron a Monterrey, Puerto Vallarta y Cancún. Grin incluso se asoció con Rappi —la empresa de mensajería— y tienen planes de colocar 60 mil patines en América Latina en los próximos seis meses, en ciudades de más de un millón de habitantes.

El interés e inconformidad por estas nuevas formas de transporte crece más rápido que la reacción de las autoridades locales para emitir regulaciones. Son parte de una nueva economía que también genera nuevos trabajos, como el de los chargers o juicers, quienes se dedican a recoger las patinetas por la noche y cargarlas, por lo que reciben un pago.

La muerte de un joven en la Ciudad de México, o de tres usuarios en Madrid en 2018, no frenará ni el crecimiento ni la inconformidad. Los expertos
piden regular pero no inhibir la micromovilidad, es decir, todo lo que engloba nuevos sistemas individuales de transporte: patines eléctricos (scooters o monopatines), bicicletas sin anclaje, eléctricas o convencionales, y motonetas o scooters eléctricos.

El riesgo es confundir cuál es el elemento que sobra en las calles de las ciudades. No son, por supuesto, estos nuevos medios —que sí requieren regulación para no quitar espacio a peatones—, sino los automóviles privados cuyo abuso es el que ha deteriorado la calidad de vida en las urbes.

Nadie debe morir en las calles bajo las ruedas de un automóvil, no importa si es un niño, si va distraído, si se es imprudente o si es una persona mayor o con discapacidad. Los conductores tienen la obligación de reducir sus velocidades para evitar que sus vehículos se conviertan en armas mortales.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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