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Lunes , 22.04.2019 / 14:10 Hoy

El Manubrio

El dilema de Monterrey

Héctor Zamarrón

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La avenida José Eleuterio González, mejor conocida como Gonzalitos, es una de las más saturadas del país, una pesadilla vial que conecta a tres municipios de la zona metropolitana de Monterrey: San Nicolás, la capital y San Pedro, donde la velocidad en horas pico no rebasa los 5 kilómetros por hora.

Puede que pronto eso cambie si se concretan los planes del alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, de construir cuatro viaductos elevados para desahogar los nudos viales. Uno de ellos, de más de 11 kilómetros de extensión, parte de su solución a los embotellamientos que diario enfurecen a los conductores de 2.5 millones de vehículos.

O puede que no.

En el mundo las grandes ciudades ya no apuestan por construir más vías para resolver conflictos viales, más bien lo contrario. Buscan desincentivar el uso excesivo del auto, fomentar el transporte público y regular la construcción de vivienda, es decir, evitar los desarrollos inmobiliarios que llevan a la gente a vivir en las afueras, con grandes costos de traslado.

Monterrey y sus 17 municipios conurbados enfrentan esa decisión. Seguir con una ciudad centrada en el auto o preocuparse por sus habitantes; segundos pisos o transporte masivo. Los millones que costarán las obras pueden destinarse en vivienda céntrica, más Metro, autobuses rápidos, ciclovías y mejores aceras.

Una decisión complicada. Es la tercera metrópoli con el peor tráfico en México y la número 49 en el mundo, según el Índice Global de Congestión Inrix, cuya velocidad promedio es de 21 km/h y con 144 horas de tiempo perdido cada año por conductores en la congestión.

También tiene la fama de ocupar el primer lugar en accidentes viales y en sus calles, una persona muere por violencia vial cada 15 horas.

Sin embargo, las mayorías no usan auto. Quienes van a la escuela lo hacen a pie (45%) o en transporte público (19%). A trabajar, 39 por ciento llega en automóvil particular. Puede que sus élites no lo tengan claro, pero contra la impresión general, Monterrey aún no es una ciudad para moverse solo en auto. Para esa pequeña gran minoría de automovilistas —permítaseme la licencia—se gobierna.

Gonzalitos puede tener pronto un segundo piso, lo mismo que Morones Prieto, Penitenciaría o la Carretera Nacional —demanda añeja en Monterrey— o puede que la opinión pública se incline por más transporte y por repoblar la abandonada y en deterioro zona céntrica de la ciudad.

Monterrey sufre de una expansión urbana desmesurada. Su tasa de crecimiento demográfico es de 2 por ciento anual, pero su tasa de crecimiento del suelo urbano es  cuatro veces superior.

El modelo de ciudad donde habitan 4.6 millones de habitantes está en juego. Difícil decisión, pero si se piensa que también es la ciudad más contaminada del país, quizá ya esté claro el rumbo, falta sólo que sus élites lo admitan.

hector.zamarron@milenio.com
Twitter: @hzamarronm

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