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Martes , 26.03.2019 / 18:59 Hoy

Sentido contrario

Que viva México

Héctor Rivera

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La Embajada española en México recomienda a sus nacionales de visita en el país beber siempre agua embotellada, evitar las comidas en puestos callejeros y desinfectar bien frutas y verduras. Es normal. En México cualquiera puede caer medio muerto después de beber alegremente agua del grifo. Para saciar su sed, hay quien enfrenta un recipiente de aguas amarillentas o de plano de color café y debe apartar los bichos y cerrar los ojos. Es una lotería de vida o muerte. Quizá con esa misma agua de calidad ausente se lavan los productos que se expenden en las calles sin ningún control sanitario. Ahí mismo meten las manos en busca del aseo quienes atienden a la clientela, española o de cualquier nacionalidad. Mientras los parásitos, virus y bacterias no hayan tomado posesión del cuerpo del consumidor, no hay problema. Una queca callejera, un taco y hasta una guajolota bien valen la pena mientras se apuesta la vida. Pero eso no se les puede explicar a los españoles ni a ningún extranjero. Cómo hacerles entender que en México la vida de veras no vale nada.

El gobierno francés lleva tiempo alertando a sus connacionales que viajan a México sobre los enfrentamientos entre organizaciones criminales, algunos particularmente violentos, en Culiacán, Mazatlán, Veracruz y Baja California. “La fuerte presencia militar y policiaca desplegada puede llegar a provocar tiroteos entre estos grupos”, alerta en la página web de su Embajada. Pero eso no es todo. En fechas recientes ha actualizado su página para advertir sobre las embestidas de un peligro semejante: el zika, un virus que se trasmite a través de las picaduras del mosquito del tipo Aedes.

De los estadunidenses no hay mucho que hablar. Sabemos que viajan a México muertos de miedo o en plan de desmadre. Hacen un turismo marcado por la amenaza y el desprecio, y en parte tienen razón: magnificados por su gobierno, los problemas de criminalidad y violencia que padecemos son para correr. En su lista negra figuran los mismos puntos geográficos que todo el mundo conoce: Ciudad Juárez, Veracruz, Michoacán, Baja California. En fin, el país entero prácticamente. Y tienen razón. Ni modo. Dejan a cambio de sus miedos un puñado de dólares.

Hay quien se conforma con un solo dato: en México estamos muy bien; por una u otra razón, apenas se mata a 25 de cada 100 mil personas, lo que nos pone a la altura de Brasil y nos sitúa después de países que pensábamos más pacíficos, como Colombia y Venezuela.

De cualquier modo, no faltan los ajenos que se empeñan en conocer un país algo exótico, lleno de atractivos en todos sentidos: gastronomía espléndida, hoteles y playas maravillosos, geografía muy atractiva, fiestas y tradiciones sin fin.

No importa que procedan hasta de los países más lejanos. Los turistas vienen por montones a México, según las cifras de los organismos del gobierno que están pendientes de la llegada de los visitantes en avión, barco o automóvil.

Como casi todos los turistas que arriban a México, los australianos, por ejemplo, están advertidos de que no deben dirigirse a los sitios vedados por el riesgo a la seguridad que implican: Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, sobre todo. Hay quien considera a estas localidades como regiones en pie de guerra. Sin duda se quedan cortos.

Pero a los ingleses se les va la mano. El gobierno británico no solo avisa a los suyos sobre los peligros que corren en las zonas identificadas por todo el mundo con problemas graves de violencia y criminalidad, sino que sugiere discretamente a los viajeros la contratación de servicios de seguridad privados. Y eso no es todo. Atento a todo, previene a los turistas sobre la posibilidad de ataques sexuales contra las mujeres en los transportes públicos: “Se han dado casos de ataques y violaciones en autobuses en el sur de la Ciudad de México. Las horas de más riesgo son tanto a primera hora de la mañana como en la noche. Extreme las precauciones, incluso en las zonas hoteleras”.

Ya instalados en la paranoia, los británicos vendrán a México temblando de miedo, conscientes de que un policía, un taxista o un carterista pueden despojarlos de sus bienes, o de que corren el riesgo de ser drogados a bordo de un transporte público para ser atracados por los demás usuarios.

Para el gobierno británico, México es la sucursal de un thriller hollywoodense barato, sacudido de manera permanente por la violencia, el timo y el acoso sexual. Tanto, que en una sus últimas advertencias a quienes nos visitan llama a tomar las debidas precauciones ante los posibles ataques de cocodrilos y tiburones. De veras que qué miedo da andar por México.

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