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Sábado , 16.02.2019 / 00:20 Hoy

Economía empática

Más costos, menos riqueza

Héctor Farina Ojeda

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La visión de los analistas privados consultados por el Banco de México (Banxico) en el mes de octubre parece resumir en buena medida uno de los actuales y añejos enredos en la economía: se prevé que los precios en general suban más de lo esperado, en tanto se recortan las previsiones de generación de riqueza del país. La estimación de los expertos es que la inflación de 2018 llegue a 4.61 por ciento, más del doble de lo que esperan que crezca la economía: 2.12 por ciento. El primer gran nudo gordiano se encuentra en este contraste: cómo hacer que la gente recupere sus ingresos y su poder adquisitivo en tiempos de crecimiento insuficiente.

La respuesta parece sencilla: incrementar la riqueza y distribuirla mejor. Pero el nudo invisible y misterioso nos indica que en las últimas tres décadas no se ha podido superar el dos por ciento promedio en el crecimiento ni se ha revertido un ápice la pobreza. Al contrario, la tendencia a la concentración de los recursos y a la desigualdad es ya escandalosa: el 1 por ciento de los mexicanos más ricos se quedó con el 28 por ciento de toda la riqueza generada en 2017, en tanto los 10 mexicanos más ricos poseen la misma cantidad de riqueza que el 50 por ciento de la población más pobre del país, de acuerdo a los datos de la organización Oxfam Internacional.

Hay muchos factores que frenan el crecimiento y la mejor distribución, entre ellos la corrupción, la precariedad de los empleos y los malos salarios, la deficiente calidad educativa, los problemas de inseguridad, la falta de competitividad, entre otros. Y a esto hay que añadirle una larga lista de factores externos que traen incertidumbre y turbulencia, como las guerras comerciales, los aranceles surgidos del humor ajeno o el precio internacional del petróleo. Para resolver grandes conflictos como la pobreza, la desigualdad, el crecimiento o la precariedad laboral, las estrategias deben ser certeras y el uso de recursos minuciosamente calculado. Y evidentemente no se ha podido hasta ahora.

Para 2019, los analistas esperan un crecimiento de 2.15 por ciento, mientras que la estimación de la suba general de precios es de 4.8 por ciento. Nuevamente, el pronóstico es que el encarecimiento del costo de vida duplique a la tasa de crecimiento. Con esto, todo apunta a que el golpe se concentrará en los bolsillos de los que menos tienen, de los que no ganan lo suficiente y de lo que nos tienen con qué hacerle frente a una suba de precios. La gran pregunta es cómo se podrá revertir esto o por lo menos aminorar el impacto, ya que el control de precios está fuera del alcance del gobierno y la recuperación de los ingresos de la gente es una tarea lenta y compleja.

Las expectativas de los analistas y las expectativas de la gente son muy diferentes. Por un lado, estamos encerrados por indicadores y por el otro hay una urgencia social por atender. Habrá que tener los ojos bien abiertos para ver cómo evolucionan los empleos: de su suficiencia y calidad dependerá mucho de lo que se pueda mejorar.

Twitter: @hfarinaojeda





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