• Regístrate
Estás leyendo: La construcción de certezas
Comparte esta noticia

Economía empática

La construcción de certezas

Héctor Farina Ojeda

Publicidad
Publicidad

Mientras la riqueza del mundo se mueve en forma acelerada hacia un escenario marcado por lo digital, lo innovador y creativo, la incertidumbre que se vive en la economía mexicana es una muestra de la desventaja en la que nos encontramos. La angustia de saber lo que pasará con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con la política fiscal de Estados Unidos y con el precio del petróleo concentra la atención, justo en el momento en el que la suba de los precios ha llegado a su punto más alto en los últimos ocho años. La preocupación apunta hacia factores externos, ajenos al control propio, y hacia la dependencia de un producto que se agotará y cuyos ingresos millonarios no han logrado convertirse en mejores condiciones de vida para millones de personas.

Por otro lado, una nota publicada esta semana señaló que los países pequeños tienen la ventaja en la carrera hacia la economía digital. Suiza, Nueva Zelanda, Corea del Sur y los países nórdicos -siempre a la vanguardia en educación y tecnología- han logrado avances notables en cuanto a la banda ancha móvil, la propiedad intelectual, la innovación y fundamentalmente el apoyo hacia la economía digital, por lo que están un paso adelante de países como Estados Unidos. No sólo buscan facilitar las transacciones comerciales en línea, sino que hay un ambiente de confianza para la inversión en infraestructura digital, con la certeza de que la riqueza y las oportunidades se encuentran en la innovación.

Esta contraposición de ideas tomadas de la lectura de noticias es una provocación para analizar cuáles son las prioridades de la economía y hacia dónde debemos ir. Mientras en los países desarrollados se busca facilitar la innovación y utilizar la creatividad para la generación de riqueza, en las economías atrasadas se pretende lo contrario: que la burocracia regule, enrede y corrompa para que todo siga igual, con los pocos millonarios y los muchos pobres, con las estructuras obsoletas que todo lo frenan. Al mismo tiempo que países como Israel buscan que todos sus autos sean eléctricos, en este lado del mundo seguimos colgados del presupuesto del petróleo, cruzando los dedos para que los precios internacionales no nos hagan una mala jugada.

La dependencia de lo externo y el rezago en estos tiempos de transición acelerada son muestras claras de la fragilidad de la economía. Por eso hay tanta incertidumbre, porque los ingresos siguen a merced de lo ajeno, lo que no se puede controlar, de las declaraciones cambiantes de un mandatario o de los vientos favorables de los precios. Y con una economía mundial que está migrando hacia el conocimiento y lo digital, la incertidumbre será cada vez mayor si seguimos anclados en la dependencia de la producción primaria, en la burocracia, la corrupción y la escasa inversión en la ciencia.

En tiempos inciertos, lo único seguro es invertir en nuestras propias fuerzas, en nuestras ideas y talentos, en el conocimiento y en lo que nos ayude a migrar hacia la nueva riqueza.

@hfarinaojeda

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.