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Lunes , 25.03.2019 / 12:45 Hoy

Economía empática

Innovación y riqueza

Héctor Farina Ojeda

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El empresario Jeff Bezos, fundador de Amazon, se convirtió en el segundo hombre más rico del mundo -sólo superado por Bill Gates-, en lo que representa una muestra de hacia dónde va la economía y en dónde se encuentra la veta de la riqueza. Como un ejemplo de que las buenas ideas, la innovación y el conocimiento pueden transformar la forma de generar riqueza, la invención de Amazon no sólo rompió paradigmas sino que revolucionó la forma de comprar, de usar la tecnología y de pensar en cubrir necesidades pese a la distancia y las barreras.

Lejos de las predicciones de los agoreros que sentenciaban la muerte del libro en manos de la computadora y de Internet, la innovación encabezada por Bezos logró lo contrario: que como nunca antes sea fácil adquirir un libro desde cualquier rincón del mundo, todo gracias a la tecnología aplicada a la satisfacción de la demanda. Y esto fue llevado prácticamente a todos los campos, con lo que el comercio en línea rompió fronteras y reinventó la forma de adquirir bienes y servicios. Detrás de esta revolución del comercio se encuentra la innovación, la idea creativa y pertinente que se aplica para cambiar algo, para romper modelos e iniciar nuevas formas de producir, fabricar, vender y negociar.

En apenas dos décadas, Amazon se ha posicionado como el modelo del comercio en línea y hoy tiene un valor aproximado de 464 mil millones de dólares, una cifra que representa el PIB anual de varios países latinoamericanos juntos. Y no es casualidad que su fundador esté a un paso de convertirse en el hombre más rico del mundo y que su nombre se sume a los de Bill Gates, Mark Zuckerberg, Steve Jobs y otros innovadores que supieron impulsar ideas que reinventaron el escenario económico a partir de la tecnología: el funcionamiento de las empresas, las lógicas de producción, las necesidades de formación, los empleos y mucho más.

Pero lo trascendente de los ejemplos de innovación y creatividad no es la excepción, sino que en la economía del conocimiento se convierten en la regla. Ya no hablamos de innovadores aislados encerrados en un laboratorio que sólo aparecen bajo ciertas condiciones, sino que las mismas condiciones del tiempo de cambio que nos toca vivir hacen que la innovación sea una necesidad de todos, un ejercicio constante que debemos realizar para no quedar rezagados y para poder reinventar un mercado de empleos insuficientes, de salarios bajos y de la dependencia a viejos modelos de producción.

Innovar ya no es una cuestión de unos pocos sino que representa un reto para todos: desde la educación más elemental hasta la especialización en el campo profesional, la necesidad apunta a saber cómo reinventar lo que no sirve y cómo mejorar lo que ya funciona bien. La riqueza se encuentra hoy en el conocimiento, en donde la creatividad, la originalidad y la capacidad de hacer algo nuevo marcan la diferencia. Preparar a la gente para la innovación, para emprender y crear, puede abrir un camino hacia la riqueza, hacia algo diferente a la precariedad de hoy.

@hfarinaojeda

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