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Martes , 19.03.2019 / 15:41 Hoy

Economía empática

Entre la organización y la pobreza

Héctor Farina Ojeda

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Un indicador muy claro de la pobreza es la falta de organización. Y el primer paso para salir de la pobreza, para transformar algo, es la organización. Esto lo dijo el pensador colombiano Bernardo Toro, retomando ideas del filósofo francés Alexis de Tocqueville (1805-1859), quien estaba muy interesado en saber qué debía hacerse para cambiar las condiciones de pobreza de las comunidades. Detrás del éxito de las comunidades pujantes, de los países que en poco tiempo lograron resultados importantes en materia de desarrollo, se encuentra la capacidad de organización que se tenga y cómo se logra una convergencia de intereses para impulsar algo.

El planteamiento de Bernardo Toro es un choque con nuestra realidad económica: con escasa organización, con elevados niveles de informalidad, y con un sistema de privilegios y exclusiones contrario a la convergencia de intereses, no debe extrañarnos que la pobreza y el desorden imperen en la mayor parte de la población. La economía se parece demasiado al comportamiento de la selección de futbol: con potencial, con talento, con brillos esporádicos y con grandes esperanzas individuales, pero con una organización que termina por opacar lo demás, dejando el juego a merced de las individualidades, las eventualidades y la informalidad. Parece que se tiene todo para el campeonato pero siempre falla algo y acaba mal.

La organización es algo complicado en una economía informal, en donde los intereses particulares están por encima de los intereses generales, y en donde la falta de confianza hace que cada quien intente salvarse por su cuenta. Ni siquiera las instancias del gobierno pueden organizarse y hacer converger sus intereses, en tanto las grandes corporaciones son las más organizadas, las más planificadas y las que más territorio ganan. Y esto no es bueno más que para mantener el mismo estado de cosas que hoy se reflejan en las contradicciones de una economía con recursos suficientes para nadar en la abundancia pero que vive en la precariedad, la pobreza y el atraso.

Uno de los grandes desafíos que tenemos es organizarnos en torno a los intereses que realmente modifiquen para bien la situación de la gente, así como lograr una convergencia de esfuerzos en cuanto a lo que debemos priorizar. Con la informalidad, el caos y la exclusión que hacen que los emprendedores estén condenados al esfuerzo aislado y aventurero, que los innovadores sean predicadores solitarios y que el financiamiento sólo avale al capital financiero antes que a las iniciativas del capital humano, seguramente no avanzaremos mucho. Más que articular intereses sobre la base de la organización, se desorganiza para que algunos intereses aplasten a los otros.

Vivir sin organización y sin ponernos de acuerdo en proyectos trascendentales como la educación, la salud, la ciencia y la tecnología sólo nos llevará a más de lo mismo, a más de lo que ya no queremos. Si para salir de la pobreza el primer paso es la organización, podemos empezar por ahí, desde lo pequeño hasta lo más grande.

@hfarinaojeda

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