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Jueves , 21.03.2019 / 09:00 Hoy

Economía empática

Entrampados

Héctor Farina Ojeda

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La soga que aprisiona a la economía mexicana se volvió a tensar esta semana: el Banco de México recortó su pronóstico de crecimiento para 2019 a un rango de 1.1 a 2.1 por ciento, con lo que se suma a los recortes ya anunciados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), las consultoras internacionales y los analistas del sector privado. No es una situación nueva: la trampa del bajo crecimiento ya tiene más de tres décadas y ello repercute en niveles insuficientes de inversión, de empleos e ingresos, y por consiguiente en una mala distribución de la riqueza que se pone en evidencia con la profundización de la desigualdad y la pobreza.

Estamos ante una trampa diagnosticada pero no resuelta. Y todo apunta a que en este y en el siguiente año no se podrá romper aunque el desafío lanzado por el presidente López Obrador apunta a lograr un crecimiento importante. La meta del 4 por ciento de repunte anual está lejana y ahora la meta más cercana es apenas la mitad: dos por ciento para 2019. Entre los pronósticos de recorte de los organismos nacionales e internacionales y las declaraciones de optimismo del gobierno se encuentran las expectativas de la gente y la incertidumbre, la confianza de los consumidores y la de los empresarios para invertir, así como una lista larga de necesidades sociales por atender.

En este contexto, uno de los puntos fundamentales para romper la trampa del bajo crecimiento es lograr un mayor nivel de inversiones: mientras la iniciativa privada exige mejores condiciones para invertir, como certidumbre, seguridad jurídica, menos burocracia y menos corrupción, la contraparte social espera que no sólo se trate de invertir para concentrar ganancias sino que la distribución alcance a todos los sectores, sobre todo los más necesitados. No sólo estamos ante el problema del crecimiento sino ante el problema quizá mayor de la mala distribución: crecer, invertir y generar riqueza no han significado menos pobreza ni menos marginalidad.

En las últimas tres décadas ha habido resultados muy importantes en cuanto a crecimiento económico y disminución de pobreza en países latinoamericanos como Chile y Uruguay (los que tienen la menor proporción de pobreza), en tanto otras economías han tenido subas y bajas notables, como Brasil y Argentina. Pero México sigue entrampado en sus mismas tasas de crecimiento, en sus mismos porcentajes de pobreza, y con un problema creciente de desigualdad. La segunda mayor economía latinoamericana es también la más lenta y pesada, con una movilidad social de apenas 4 por ciento.

Incrementar la inversión, generar empleos y romper el cerco del crecimiento deben convertirse en un desafío conjunto que incluya la planificación del gobierno, el apoyo de la iniciativa privada y el compromiso de todos. Y para que la gente pueda apoyar, hay que devolverle su poder adquisitivo y su capacidad de consumo. ¿Es posible un plan para que las inversiones favorezcan a la clase media y a los sectores necesitados? Ya es tiempo de reactivar desde dentro y romper paradigmas.


@hfarinaojeda

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