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Sábado , 20.04.2019 / 01:41 Hoy

Economía empática

El guiño al turismo

Héctor Farina Ojeda

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El anuncio del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el énfasis que se pondrá en el apoyo al turismo y en la seguridad en los destinos turísticos se da en un momento de extrema complejidad económica. No sólo estamos ante los vientos adversos de los pronósticos de crecimiento insuficiente, sino que la incertidumbre se sigue prolongando debido al contexto internacional, por lo que las inversiones no se dan en la medida de la necesidad. El guiño al turismo no es un signo menor: se trata de mirar hacia un sector de enorme potencial, con un buen crecimiento y con una capacidad de dinamizar la economía precisamente cuando más se necesita la fortaleza interna.

Los ingresos por turismo son de los más importantes en México. Sólo el año pasado la cifra de ingresos por turistas extranjeros superó los 22 mil millones de dólares, con el añadido de que dicha riqueza tiene una dispersión tal que llega a compañías aéreas, hoteles, el comercio formal y el informal, los servicios y una larga lista de pequeños beneficiados. Hay en el turismo una distribución que rompe con un problema habitual en la economía mexicana: la concentración de la riqueza en pocas manos. Y aunque la actividad no escapa a los intentos de acaparar los recursos, su distribución es mucho más equitativa que la mayoría de las actividades industriales y de servicios.

Ante la caída de los ingresos petroleros, la dependencia de las exportaciones (sobre todo las que generan riqueza para pocos empresarios y malos salarios para los trabajadores), el turismo no sólo es una posibilidad de captar riqueza proveniente de fuera sino de alcanzar a sectores necesitados con más eficiencia. Una ciudad que recibe turistas se convierte en una oportunidad para comerciantes de todo tipo, hoteleros, restauranteros, taxistas, artesanos, micro, pequeños y grandes empresarios, etc. Hay todo un circuito de riqueza que puede ser aprovechado para crecer y para diversificar las oportunidades.

Sin embargo, pese al atractivo natural que generan los destinos mexicanos para los visitantes nacionales e internacionales, hay grandes y añejos problemas por resolver para incentivar el turismo. Entre ellos, la cuestión de la inseguridad y la falta de inversiones. No sólo se trata de reducir la violencia que afecta al país y se concentra en algunos importantes destinos turísticos, sino que hay recuperar la percepción de seguridad. Basta con ver las noticias o cualquier informe sobre violencia para hacerse una idea de la magnitud del problema. Según el informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal en México, cuatro de las cinco ciudades más peligrosas del mundo son mexicanas, entre ellas Tijuana y Acapulco. Y aunque se pueda cuestionar el método del informe, el daño a la percepción está hecho.

Y el segundo gran obstáculo es que se necesita mucha inversión privada, justo la que no termina de confiar y aterrizar. El turismo puede oxigenar a la economía en estos tiempos difíciles. Habrá que ver cómo lo apoyan y cuánto le invierten...

@hfarinaojeda

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