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Viernes , 19.04.2019 / 14:10 Hoy

Economía empática

Desaceleraciones

Héctor Farina Ojeda

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La noticia de que la economía estadounidense se encuentra en una fase de desaceleración es más que preocupante. A los ya consabidos recortes en el pronóstico de crecimiento de México se sumaron las advertencias sobre los frenos en la economía mundial, el escaso repunte de los países latinoamericanos y ahora la nota da cuenta de que el principal socio comercial, Estados Unidos, tuvo un crecimiento de 2.9 por ciento en 2018, en tanto se estima que en 2019 podría alcanzar la cifra de 2.1 por ciento. En los últimos tres trimestres de 2018 se produjeron desaceleraciones, ya que los repuntes fueron de 4.2 por ciento en el segundo trimestre, 3.4 por ciento en el tercero y 2.2 por ciento en el cuarto trimestre.

El escenario es cada vez más complejo: el pronóstico para la economía mexicana en 2019 y 2020 es de un repunte insuficiente en torno al dos por ciento anual, en tanto el contexto internacional se vuelve cada vez menos favorable. Con una fuerte dependencia del mercado estadounidense, destino de más del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas, una desaceleración no sólo pone en riesgo la cantidad de comercio bilateral sino que pone en jaque a las principales fuentes de ingreso del país, como las exportaciones, las remesas y el turismo. Si bien no estamos ante un escenario tan grave como el de la crisis financiera de hace 10 años, sabemos que los estornudos del vecino son advertencias que no hay que minimizar.

Ante las expectativas poco favorables en el entorno internacional, la pregunta obligada es cómo está el dinamismo interno. ¿Qué tan fuertes son los motores internos para que se pueda crecer desde dentro en contra de los vientos adversos? En este caso hay dos aspectos por destacar: la lentitud de las inversiones, los proyectos y las obras, por un lado, y la notable confianza de los consumidores, por el otro.

Por el lado de las inversiones, hay una genuina preocupación por su lentitud: el periodo de incertidumbre generado por las medidas adoptadas por el gobierno de Donald Trump y la guerra comercial no ha concluido pese al inicio del gobierno de López Obrador. Al menos así lo perciben los inversionistas y esto se refleja en que todavía no llega el momento en el que la inversión detone y genere dinamismo. Todo parece demasiado limitado: el crecimiento, las inversiones, los empleos, los salarios. Todo se mueve pero no alcanza para atender los requerimientos sociales de la pobreza, la desigualdad y la precariedad.

Por el lado de los consumidores, el apoyo hacia la gestión del presidente López Obrador y la confianza en la mejoría de la economía son un contrapeso muy importante frente a los pronósticos internacionales y las visiones pesimistas. En este sentido, una hipótesis interesante es que la confianza de los ciudadanos puede detonar el consumo, lo cual es buen indicador para recuperar la confianza de los inversionistas.

De entre estos aires contradictorios, lo cierto es que hay que acelerar las inversiones, fortalecer el dinamismo interno, recuperar el poder adquisitivo y aprovechar la confianza.

@hfarinaojeda

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