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Domingo , 24.03.2019 / 16:14 Hoy

Economía empática

Contra la lentitud

Héctor Farina Ojeda

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El inicio del primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador ya tiene todos los elementos que condicionan desde hace años el avance de la economía: pronósticos de crecimiento insuficiente, un entorno internacional poco favorable, empleos precarios e incremento de la informalidad, así como expectativas de inversión que siempre suenan bien pero terminan por no alcanzar. No es algo nuevo: el impulso económico previsto siempre termina siendo de menor magnitud a lo esperado, como si las anclas sólo permitieran un despegue parcial: poco crecimiento, pocos empleos de acuerdo a la necesidad, salarios pobres en una sociedad empobrecida, riqueza que no llega a todos, oportunidades que nunca alcanzan.

La segunda economía latinoamericana tiene la rareza de que siempre crece, siempre es un referente importante para las inversiones, y siempre hay movimiento en el mercado laboral. Pero la desaceleración es un fantasma recurrente, que todo lo va frenando, de tal manera que cuando se cierra el año se termina dando cuenta de algunas buenas cifras que resultan insuficientes. México no ha podido acelerar su economía, no ha podido romper el cerco del dos por ciento de repunte al año ni ha podido ganarle un solo año a la necesidad de empleo. Ni las reformas en gobiernos anteriores ni las bonanzas externas como el buen precio del petróleo o el récord en inversiones y remesas han logrado correr más rápido que las necesidades de la gente.

El reclamo que hicieron hace unos días los industriales del calzado tiene un carácter simbólico: piden que el gobierno mantenga impuestos elevados y medidas restrictivas para evitar que los calzados asiáticos invadan el mercado local, ya que hay 12 mil empleos en riesgo. Es decir, antes que acelerar desde dentro, mejorando la competitividad, la productividad, la capacitación de los trabajadores, la innovación y la creatividad, el pedido es proteger el mercado y frenar a la competencia. Aquí hace falta un mayor compromiso de la iniciativa privada a la hora de invertir en la formación de los recursos humanos y en la innovación como factor que favorezca el crecimiento. En tiempos de globalización ya no basta la mano aislada y salvadora del Estado: el desafío es conjunto.

Ante los pronósticos de crecimiento moderado en 2019 y 2020, y en el contexto de un reajuste en el funcionamiento de las instituciones, con las expectativas de resultados de las medidas del gobierno y con los dedos cruzados para que el entorno internacional no sume nuevas turbulencias, una de las necesidades es escapar de la lentitud, lo que implica acelerar inversiones estratégicas y proyectos que generen empleo, confianza y dinamismo interno. Tanto la inversión en obras de infraestructura como la inversión educativa no deben esperar: la primera para los empleos y la segunda para fortalecer el motor más importante en tiempos de conocimiento.

México no puede seguir siendo una economía lenta y pesada porque los problemas sociales exigen rapidez. Es tiempo de acelerar porque los pobres ya tienen demasiado esperando.


@farinaojeda





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