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Caro, todo caro

La suba persistente de los precios y el ajuste de las tasas de interés de referencia nos ubican ante un escenario en el que todo es caro y, para combatirlo, se encarece también el dinero. La inflación en la primera quincena del mes de junio en México fue de 7.88 por ciento y todavía no llega a su cumbre: el Banco de México (Banxico) estima que llegará a 8.1 por ciento, lo que representa que los productos y servicios básicos que ya cuestan caro, costarán más caro, con las consecuencias que ello implica para la gente. México no escapa al concierto mundial generalizado de suba de precios, así como tampoco escapa a los efectos negativos que esto tiene en el crecimiento, en el empleo y, sobre todo, en el empobrecimiento de la población.

Como una forma de enfrentar la suba de los precios, los bancos centrales están aumentando las tasas de interés de referencia, lo que significa en términos sencillos que se encarece el dinero y que con ello se busca desincentivar la suba de los precios. Lo hizo la Reserva Federal de Estados Unidos al aumentar en 75 puntos base las tasas de referencia; Banxico hizo lo propio al subir 75 puntos y dejar la tasa de referencia en 7.75 por ciento. Es una tendencia que ya han seguido varios países, como Argentina, Brasil e Inglaterra. Lo que se busca es controlar, de alguna manera, la escalada de los precios y hacer que la inflación vuelva a niveles tolerables.

En la jerga económica se dice que la inflación es como un impuesto a los pobres, porque son las personas que menos recursos tienen las que no pueden enfrentarla. Si a una familia no le alcanza el dinero para cubrir los costos básicos de la alimentación, el transporte y la educación, imaginen lo que pasa cuando todo cuesta más y los ingresos no mejoran: hay un empobrecimiento. Se debe comprar menos, se debe ajustar el cinturón, se disminuye y se precariza el consumo. Piensen en esta situación en América Latina que tiene más de 200 millones de personas en pobreza, así como 86 millones de personas en pobreza extrema. La cuestión es clara: precios más altos, más cantidad de pobreza.

Nos encontramos ante una de esas trampas de la economía: no es un buen momento para endeudarse porque el costo del dinero se ha elevado, pero estamos ante condiciones de pobreza que obligan a millones de personas a endeudarse para poder cubrir los costos básicos. Hay que contrarrestar ciertamente los efectos negativos de la suba generalizada de los precios, pero el riesgo es que la consecuencia sea sacrificar el crecimiento, lo que puede golpear al empleo, a los ingresos y a las mismas personas que necesitan salir de la pobreza.

Más allá de las decisiones que deben tener pulso de neurocirujano para evitar mayores afectaciones económicas, la gran pregunta es cómo se logrará una recuperación de fondo en economías como la mexicana que tienen un porcentaje grande de personas en pobreza. Por encima de los indicadores y la estabilidad macro, la cuestión es cómo se apoyará a la gente necesitada para sobrevivir en este mundo caro, muy caro.

Por Héctor Farina Ojeda


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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