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Miércoles , 24.04.2019 / 13:14 Hoy

Psi y que

¿Ser, parecer o simular?

Héctor Cerezo Huerta

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Está concluyendo el maratón Guadalupe-Reyes. Las estrategias de manipulación mediática han cumplido su cometido a tal grado que, en la mente del mexicano común y corriente, coexiste de modo cómplice un delirio narcisista y una disociación política que logra hacerle "olvidar" el terrible gasolinazo con el que iniciaremos el 2017, atenúa la impunidad de políticos corruptos e ignora selectivamente a 55.3 millones de mexicanos que se encuentran en pobreza creciente e imparable (CEPAL, 2015). A pesar de ello, el neoliberalismo grita: "Tienes 30 años y aún no tienes todo lo que quieres...!eres un loser! Sé productivo, consume suplementos para sacar provecho de tu capital corporal, viaja por el mundo, sé emprendedor. No duermas por las noches; deberías estar ocupándolas para aprender chino mandarín y aumentar tu currículum vitae, para ser un esclavo eficiente". Pocos son los que se resisten a este tipo de salvajadas capitalistas, pero la mayoría no y por ello, hoy resulta más necesario que nunca, una Psicología cuya función consista en abrir un espacio para que el individuo no se sienta obligado a disfrutar.

Hoy, nos sentimos culpables si no disfrutamos. No se trata pues, de auto-flagelarse al estilo Franciscano susurrando: "mea culpa". Nada más triste en la posmodernidad que esas parejas que planifican su vida para disfrutar cumpliendo órdenes sin reflexionar su conveniencia: "No fumes, no comas carbohidratos, sé políticamente correcto en tus redes sociales, descubre tu misión en un entrenamiento de vida, coloca una foto nueva en tu Facebook y edítala con retrica". En síntesis, como afirma Murillo (2016), la posmodernidad nos dio permiso para ser unos hijos de puta diluidos con sustancia de gente cool. La homogeneidad nos define, consumimos identidades y creencias igual que papel higiénico o zapatos.

El mundo de lo simbólico es complejo. Nuestras creencias son "virtuales". Hay muchas creencias en las que nadie cree, pero las mantenemos con tal de no disgustar a los otros. Así por ejemplo, las personas que creen en dios, normalmente no creen en los reyes magos cuando ya son adultos, y por ende, la pregunta ¿por qué no crees en los reyes magos y sí crees en dios? podría causar muchas inquietudes. Otro ejemplo, es la propia democracia, nadie cree en ella, pero todos debemos mantener las apariencias para evitar el desastre. La paradoja es que aunque son creencias meramente virtuales; actúan. Quizás por ello, me divierto tanto cuando escuchó los fervientes debates entre los creyentes y los ateos. Los ateos no sentenciamos "Dios no existe", más bien asumimos que no tiene relevancia alguna en nuestras vidas. Un ateo no discutirá "si dios existe o no" ya que para ambas situaciones no hay demostración empírica.

Mi cierre de año es tan revelador como la frase de Alejandro Páez Varela (2016): "Nadie puede ordenarle a un hombre que ha visto el sol que cierre los ojos y se olvide de él". Los años ya no comienzan, ni terminan, solo se juntan motivados por esa curiosa sensación de la experiencia y de una visión alternativa de creencias que transitará invariablemente a una versión alternativa de mí, y espero que también de ti mismo.

Twitter: @HectorCerezoH

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