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Día con día

Los sonidos y la historia

Héctor Aguilar Camín

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Por recomendación de Jorge Castañeda leo el libro In America, del autor holandés Geert Mak, un reconocido historiador y periodista holandés que decidió inscribir su nombre en la lista de ilustres autores extranjeros que han tratado de retratar, en distintas épocas, a Estados Unidos.

El antecesor decano de la lista es desde luego Alexis de Tocqueville, que logró no solo un gran libro de viajes, sino una imborrable reflexión sobre el mayor cambio político de su época, la aparición y el ejercicio de la democracia moderna en Estados Unidos.

Mak ha intentado una tarea más modesta y aun así titánica. Ha repetido en 2010, sitio por sitio, el viaje por Estados Unidos que hizo John Steinbeck en 1960, en busca del "alma estadunidense".

La travesía empieza en el este, cruza al oeste y termina en el sur, buscando siempre pueblos y ciudades pequeñas, y la experiencia y la voz de la gente común.

Uno de los capítulos más inspirados de Mak viene de una idea de su amigo Joseph Amato, que se propuso contar las distintas épocas de Estados Unidos a través de sus sonidos.

La historia empieza en el silencio sagrado que Tocqueville creyó escuchar en los bosques vírgenes de su América; sigue con el ruido de las granjas y los animales de los colonos; con las campanas de sus iglesias, el sonido de sus bandas locales, el ruido callejero de ambulantes y borrachos, y el de los fusiles y los cañones de su independencia.

La aparición del tren y su silbido marcan, en palabras de Thoreau: “el principio de la tiranía acústica de la máquina sobre el paisaje”.

Siguen las fábricas, los automóviles, la tiranía suave de canciones y palabras de la radio; el ruido de las ciudades construyendo rascacielos, de las ambulancias aullando desastres, de las muchedumbres llenando estadios y muriendo en el estruendo de guerras libradas con aviones bombarderos y bombas atómicas.

El sonido de nuestro tiempo es quizá el de los celulares sonando o vibrando en cada bolsillo y en cada cabeza.

Y el extraño silencio, un tanto solipsista, que reina en las antes ruidosas y ebrias redacciones de los diarios.

hector.aguilarcamin@milenio.com

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