Política

Primer año: ¿quo vadis?

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Ha transcurrido un año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el saldo más relevante es, para mí, un déficit entre expectativas y realidad. Evidentemente hay cosas positivas (la voluntad de erradicar la corrupción; la recuperación del salario mínimo y la reforma sindical, por ejemplo), pero el recuento amplio arroja números rojos. En primer lugar, el estancamiento económico. Las malas decisiones presidenciales derrumbaron la confianza empresarial y la inversión privada; una administración pública deficiente hundió la inversión pública.

La seguridad es zona de desastre, descontrol y tragedias cada vez más conmovedoras e impactantes. Solo Alfonso Durazo y el Presidente creen que todo va bien. Aquí, además de romper la confianza de la ciudadanía, ya perdió la de Donald Trump y de la clase política estadunidense, lo que se puede traducir en una injerencia indeseada y en mayor desprestigio internacional del país. En materia de corrupción hay más voluntarismo y discurso que realidades; no solo se frenó la construcción del Sistema Nacional Anticorrupción, sino que además cientos de miles de millones de pesos del presupuesto se gastan sin reglas de operación y sin transparencia; se incrementaron los contratos por adjudicación directa, la persecución de corruptos se sigue haciendo con fines políticos. ¿La draconiana austeridad y la norma de que los funcionarios no podrán contratarse durante 10 años no está generando un gobierno atrofiado e inepto por perder a sus mejores cuadros?

En lo referente al gasto social, es justo y necesario que se dé prioridad a grupos excluidos. Sin embargo, está por verse si los programas de transferencias directas son el mejor mecanismo para que los jóvenes y otros grupos vulnerables puedan superar las condiciones de exclusión. ¿De qué sirve becar a los jóvenes un año en una empresa si la economía está estancada y no crea empleos o los destruye? ¿No se generará más frustración cuando no encuentren trabajo? ¿No es preferible mantener las estancias infantiles para que las mamás puedan trabajar y ganar más que los 800 pesos con que sustituyeron el servicio?

A lo anterior hay que sumar otro saldo negativo. Es menos tangible, pero muy preocupante: la polarización generada por el discurso presidencial para dividir la sociedad en buenos y malos y denigrar a los segundos. La finalidad de este discurso es, como lo apuntó ayer Leopoldo Gómez, mantener el respaldo irrestricto de su base social.

El problema es que ningún gobierno puede garantizar estabilidad cuando la economía está a punto de naufragar y la inseguridad se desborda sin controles. Y para salir de esas eventuales, pero probables, situaciones de ingobernabilidad se requerirá de la participación de toda la sociedad, en especial de los empresarios en caso de una recesión económica y de la sociedad civil para superar la inseguridad. La polarización generada por el Presidente le restará capacidad de convocatoria.

Si AMLO ha sido un factor de contención social en épocas de turbulencias por todos lados (Chile, Bolivia, Colombia), sería una paradoja que sea a él a quien le pueda estallar una crisis de esa naturaleza, pues si se amplía la brecha entre la realidad y expectativas (para allá va el país), la decepción será mayúscula y la sociedad está muy dividida.

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Guillermo Valdés Castellanos
  • Guillermo Valdés Castellanos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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