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Lunes , 25.03.2019 / 09:12 Hoy

Doble mirada

La casa más cara de México

Guillermo Valdés Castellanos

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A la pregunta ¿Piensa usted que lo mejor para el país es que el PRI siga gobernando o cree que sería mejor que gobernara otro partido?, la respuesta (obtenida en la última encuesta GEA-ISA levantada entre el 11 y el 14 de junio a una muestra de mil ciudadanos) revela la profundidad de la crisis que afecta al PRI: solo 28 por ciento se pronuncia por su permanencia, contra 59 por ciento que opina que debe haber un cambio en Los Pinos.

Para dimensionar mejor ese dato es necesario conocer los niveles de identificación partidista de los ciudadanos: 32 por ciento no tiene simpatías por ninguno; 28 por el PRI, 21 por el PAN, nueve por Morena, seis por el PRD y seis por el resto. Al comparar los datos de ambas preguntas, el dato sobresaliente es que aparte del 28 por ciento que se identifica con el partido oficial, que es exactamente el mismo que desea que siga gobernando, ningún ciudadano más, ni uno solo, quiere que otro priista siga mandando en el país.

Considerando la fragmentación del voto en las elecciones recientes es posible ganar la Presidencia con 28 por ciento, razón por la cual no debe descartarse que pese a todo, el PRI gane en 2018. Sin embargo, sus probabilidades se han reducido significativamente, pues una buena alianza del PAN o un López Obrador fortalecido podrían derrotarlo.

El declive del respaldo electoral manifestado en las siete gubernaturas perdidas el pasado 5 de junio se corresponde con un deterioro severo de la imagen del PRI entre los ciudadanos. El porcentaje de ciudadanos que asocia a ese partido con políticos corruptos creció de 22 a 32 entre marzo y junio, con narcotráfico pasó de 24 a 28 y con prepotencia de 21 a 28 en el mismo periodo.

A la pregunta ¿Cuál piensa usted que pudo haber sido la principal causa de las derrotas del PRI?, 24 por ciento dijo que la corrupción del gobierno, 18 la situación económica, 17 la impopularidad del Presidente, 15 la inseguridad pública y 13 los malos gobiernos estatales. No se conocen las verdaderas razones por las cuales los electores de los siete estados donde perdió el PRI votaron en su contra. Pero la percepción que se hicieron los ciudadanos a escala nacional es muy reveladora y poco sorprendente, ya que confirma las hipótesis de muchos analistas: se dio un voto de castigo fuerte por la corrupción, la inseguridad, la mediocridad de la economía y la impopularidad de los gobernantes.

El nivel de desaprobación del presidente Peña Nieto llegó a 60 por ciento y dos terceras partes de los ciudadanos (66%) piensan que su gobierno no ha realizado acciones para realmente atacar la corrupción, fenómeno que según cuatro de cada diez mexicanos ha empeorado en los últimos seis años.

Estos pocos datos de la encuesta GEA-ISA (el reporte completo puede consultarse en http://structura.com.mx/gea/) ilustran el profundo problema de imagen y credibilidad, que no es nuevo, pero que llegó a niveles críticos con el agravante de que puede seguir empeorando. En política siempre se puede caer más.

Si antes del 5 de junio el PRI era uno de los contendientes fuertes de 2018, esa fuerza comenzó a disolverse, y si no lo remedian pronto, puede volverse líquida. Todo indica que una de las principales causas es la indiferencia del PRI y sus gobiernos al reclamo social para que el servicio y los recursos públicos no sean botín privado. Nunca una casa —aunque sea blanca— le había salido tan cara a un grupo de políticos. Y puede costarles mucho más.

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