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Jueves , 21.03.2019 / 06:27 Hoy

Doble mirada

El regreso de la fe y la magia

Guillermo Valdés Castellanos

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Circula un meme en las redes sociales en el que en una foto de AMLO aparece un letrero con la pregunta ¿Cómo puede la selección mexicana de futbol ganar el mundial de Rusia? y la respuesta es muy simple: acabando con la corrupción. Da risa porque no hay relación alguna entre ambos hechos (aunque López pudiera encontrar la relación, por aquello de que la Federación Mexicana de Futbol sea parte de la mafia del poder). Sin embargo, ilustra muy bien el fenómeno provocado por la temporada electoral: la fe en el poder mágico de la honestidad de López Obrador.

El silogismo es el siguiente. Premisa mayor: la corrupción es no solo el problema más grave del país, sino que además es el mal original, la causa del resto de las dolencias nacionales. Premisa menor: el único remedio para extinguir la corrupción es el ejemplo con el que gobernará AMLO. Conclusión: una vez que gane la Presidencia el candidato de Morena, la corrupción y el resto de los problemas nacionales se solucionarán.

De ahí algunas de las respuestas de López Obrador en el segundo debate. ¿Cómo se va a reducir la producción de amapola y la exportación de heroína a Estados Unidos? Acabando con la corrupción. ¿Cómo hará que Donald Trump respete a México? Acabando con la corrupción (lo que nos dará autoridad moral). Y las promesas que hace todos los días se fundamentan en el mismo silogismo: ¿de dónde saldrá el dinero para todas las propuestas económicas y sociales sin tener que aumentar impuestos? Acabando con la corrupción. En aquella entrevista con Ciro Gómez Leyva, AMLO también dijo que la inseguridad terminaría una vez que desapareciera la corrupción porque los delincuentes ya no tendrían razones para robar.

López Obrador cree firmemente que tienen la razón y que la realidad así es y así funciona. Sin embargo, el mundo, México y sus problemas son bastante más complejos. Muchas cosas mejorarán si se termina la corrupción, no hay duda de ello, pero no todas las que él asume. Pero donde más falla el razonamiento del candidato es en el instrumento para solucionar la corrupción: el ejemplo de honestidad del presidente. Creerlo que eso bastará es pura fantasía.

Pero no es el único punto flaco. Si se analiza el folleto de Pejenomics, se encuentra una falla estructural semejante, casi tan irreal como que con el ejemplo se terminará con la corrupción: que los ahorros que genere un manejo honesto de las finanzas públicas serán suficiente (sin incrementar los impuestos) para cumplir las promesas en materia social y económica (aumentar pensiones, dar becas y salarios a todos los jóvenes, subsidiar los energéticos, etcétera). Marco Provencio ya se refirió a la debilidad y fantasía de Pejenomics, el viernes pasado aquí en MILENIO.

Así, el problema de López Obrador no son las intenciones y objetivos de sus propuestas (poner en el centro la justicia e igualdad, romper la complicidad entre política y oligarquía económica), sino lo fantasioso y mágico de los instrumentos y los resultados esperados que en el mediano plazo serán contraproducentes. Lo que cuesta mucho trabajo comprender es la esperanza que despiertan esas propuestas asidas no en la razón y la solidez de sus argumentos y de los hechos, sino en el mero deseo de creer que las cosas tendrán que ser mejores.

En marzo del año pasado escribí un artículo titulado “Las ganas de creer”, en el que sostenía que el deseo de sacar al PRI de Los Pinos en 2000 no hizo caer a muchos en que no podría haber nada peor. Ahora creo que se está repitiendo el fenómeno. Esto dije hace 14 meses: “La creencia de que Vicente Fox sería un mejor presidente que cualquier priista, que el cambio de personas bastaría para transformar la terca realidad, era una ilusión, sin otro asidero en la realidad que un enorme hartazgo con el PRI y, por tanto, la expresión de un estado de ánimo colectivo fundado en la fe, en el mismo deseo de cambio. Nada más. La historia nos demostró que las cosas cambian muy poco cuando apostamos todo a la persona. La tentación del mesías, de un salvador (…) ¿No nos estarán ganando de nuevo las ganas de creer en algo que no existe?” ¿El regreso de la fe en un presidente que hará magia para solucionar los problemas del país?

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