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Sábado , 23.03.2019 / 18:04 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Todos espiados

Gonzalo Oliveros

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¿Qué si he sido espiado? Sí...pero no es para sentirme especial. De hecho, me espiaron de forma muy tangential.

Hace muchos años, en mi casa sabíamos que nuestro teléfono estaba intervenido. No pregunten porqué, pero tiempo después llegó una cinta donde se escuchaban las distintas conversaciones que salían de la línea telefónica. En ellas, se escuchaba como, en varias ocasiones, o yo contestaba el aparato o hablaba con amigos de estupidez y media.

Obvio, el cassette de 90 minutos tenía mucho tiempo muerto y conversaciones absurdas como las que, seguro, existirían si revisáramos sus teléfonos. Quien revisaba esa casa seguro se moría del aburrimiento o de la pena ajena.

Así que la idea de que uno puede ser espiado por quien sea me quedó muy clara desde pequeño. No, no era el gobierno quien le interesaba pinchar mi teléfono, pero sí a alguien con suficiente poder o dinero para ello.

Aun sucede en México. Las leyes de privacidad y la elemental ordenanza al Estado de proteger al ciudadano son inexistentes. Por eso, nadie duda que la nota del New York Times sea cierta aunque, dentro de ella, sujete el membrete de "no se puede comprobar el hecho de que el gobierno sea quien espíe a estos individuos".

Lo peor es la impotencia. Sí, el software -malo, predecible y hasta torpe para el enganche del individuo a espiar pero efectivo al ser instalado- solo se vende a gobiernos y oficinas de seguridad gubernamentales. Sí, se encontró en teléfonos de algunos de los periodistas que dijeron haber recibido mensajes SMS extraños. Sí, cada licencia vale miles de dólares.

Nada pasará.

El incremento en la indignación ciudadana es palpable y la impunidad hacia todos los indicios de corrupción es enorme. No obstante, la actuación de la autoridad es de indolencia, indiferencia o valemadrismo. Como no, el Estado de México dio el camino para el 2018: una oposición dividida hasta la burla, un pleito eterno entre facciones de la opinión pública y la percepción de la ciudadanía de censura y falta de libertad de el pase a que un candidato votado por menos del 17 por ciento de la población general llegue al poder. A eso, habrá que agregar la inmovilidad de las autoridades electorales quienes, además, no son criticadas porque salieron del ala crítica de los opinólogos de siempre.

¿Espiados? Sí. ¿Castigados? Nunca.

Ambas cosas deben de cambiar.

goliveros@me.com

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