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Jueves , 18.04.2019 / 18:03 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Menos de dos mil

Gonzalo Oliveros

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Eso falta de este sexenio: menos de dos mil días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador

No es mucho tiempo para cambiar un país que tiene enormes niveles de pobreza e injusticia, de disparidad e inequidad, de diferencias e injusticias.

Aun así, pareciera que la febril idea de cambio se frena desde el discurso y se escapa hacia adelante.

Una y otra vez, en conferencia de prensa diaria y a partir de los dichos de sus agoreros -analistas, según se vea-, el diagnóstico se divide en dos ideas primordiales: “vamos bien” y “la culpa es del modelo neoliberal”.

Sí, la propaganda evita entrar en un diagnóstico más profundo sobre los chipotes que tiene el plan: maestros y residentes que toman calles ante reformas que no les satisfacen o sueldos que se retienen -sueldos o bonos de tres mil pesos-, perspectivas de crecimiento en declive tanto en los números de analistas, instituciones financieras internacionales o los propios números del gobierno, despidos de funcionarios de medios públicos bajo parámetros de ceses de medios privados -donde importa más el ánimo del directivo que el talento o contribución del cesado-, contradicciones entre las declaraciones de funcionarios de gobierno sobre acciones y soluciones ante problemas financieros y las declaraciones del presidente que les corrige la plana en cadena nacional ante la fobia a reconocer que el dinero no alcanzará en dos, tres años con la contracción económica proyectada.

El discurso comienza a repetirse para, a partir de la construcción idiomática, tratar de cambiar la percepción. Difícil cuando la mecánica del escape hacia adelante es la salida única de todos: la culpa no es el modelo, sino la práctica del pasado. ¿Cómo poder criticar los ciento y pico de días de este gobierno si los anteriores fueron peores en todo su periodo?

Exactamente por ello: percibir los errores y alertarlos para una temprana rectificación no es ser opositor, sino advertir de eventos que la cercanía del poder evade o ciega.

Por último, la justificación de que todo tiempo pasado fue peor es tramposa. ¿No se supone que por eso -lo ineficiente y mediocre- es que se eligió una opción distinta? Intentar justificar los dislates con los yerros de políticos pasados solo fomenta la percepción que terminaron por ser lo mismo.

Lo último que quiere la cuarta transformación.

goliveros@me.com
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